sábado, 17 de octubre de 2009

1929/1930: No a la guerra

SIN NOVEDAD EN EL FRENTE

Título original: All quiet on the Western Front
Año: 1930
País: EE.UU.
Duración: 125 min.
Director: Lewis Milestone
Guión: George Abbot, según la novela "Im Western nichts Neues", de Erich Maria Remarque
Fotografía: Arthur Edeson
Montaje: Edgar Adams
Productor/es: Carl Laemle jr.
Compañía: Universal Pictures
Intérpretes: Louis Wolheim, Lew Ayres, John Wray, Arnold, Lucy, Ben Alexander, Scott Kolk, Owen Davis Jr., Walter Browne et al.

Ganadora de 2 Oscar: película, director.

Acaba de estallar la 1ª Guerra Mundial y en Alemania la gente lo celebra exaltada. Todos se reúnen para despedir a las tropas y les dan ánimos para defender al Kaiser y al país. En una clase de un pequeño pueblo, el profesor Kantorek habla a sus alumnos de los beneficios de la guerra y les anima a alistarse en el ejército, pues será una oportunidad de conseguir gloria, fama y mujeres. Paul y el resto de sus amigos, enfervorizados, aceptan alistarse y a los pocos días están en la escuela de adiestramiento. Pero lo que todo eran risas y ambición, una vez en el campo de batalla se desvanecen: muertos por doquier, sufrimiento, horror... y ni pizca de lo que aquel profesor les dijo. Paul descubrirá entonces lo que realmente es la guerra, en fuerte contraste con las creencias que se tienen en sus casas.


Después de la enorme decepción que supuso La melodía de Broadway me enfrenté a la siguiente película con todas las ganas del mundo, pues era una de las muchas que ya me había visto, pero que a penas recordaba. Sabía que era un peliculón, pero no que fuera tan rematadamente buena. Sin ir más lejos, esta fue, con dos estatuillas, la primera película que ganó más de un Oscar, en concreto los de mejor película y mejor director, ambos totalmente merecidos, pues Sin novedad en el frente, un hermoso e impresionante canto al antibelicismo, es lo mas parecido a una obra maestra que hay. Lógicamente, no lo es, debido a una serie de limitaciones técnicas típicas de la época.

Sin novedad en el frente es una película que saca el máximo partido a todos los aspectos cinematográficos. Si nos fijamos, por ejemplo, en los efectos especiales, decoración y demás, la película es superlativa (¡toma adjetivo hiperculto!). No estamos ante una película que escatime en gastos, con explosiones que parecen petardos y demás. No. En Sin novedad en el frente se nota que se han gastado las pelas, tanto en las impresionantes secuencias de acción como en las grandes multitudes de extras que aparecen en ellas. Lógicamente, las limitaciones técnicas no permiten mostrar el realismo de otras cintas bélicas como Salvar al soldado Ryan o El Día D, pero para los años 30 esto debe ser lo más parecido a una superproducción de acción que se podían encontrar.

Pero esta película no sólo destaca en el apartado técnico, sino que también en el artístico tiene grandes logros. En primer lugar su guión. La verdad es que se nota cuándo una película está basada en una obra literaria: sus diálogos, sus situaciones, la complejidad de los personajes... Y en Sin novedad en el frente también se nota. Posee unas frases y monólogos memorables, como el del profesor al inicio, o el del mismo Paul al volver a la escuela donde se educó, uno de los mejores momentos del film. Tiene también situaciones muy curiosas, como el de las francesas, y diálogos realmente buenos, como el de las tropas preguntándose por qué existen las guerras. Los personajes están muy bien escritos y su evolución es muy creíble. Sobretodo, el que más me gustó fue el de Kat Katzinsky, una especie de ladronzuelo que se dedica a robar alimentos para que los miembros de su tropa puedan alimentarse. Y parte de ese carisma del personaje lo tiene, por supuesto, el actor, con su peculiar rostro. Y el resto de actores le siguen a la zaga, sin que haya alguno que destaque sobre los demás en su trabajo, todos perfectos. Eso sí, aún se ven ciertas reminiscencias de la forma de actuar del cine mudo, algo que tardará algunos años en desaparecer, no muchos.

Mas, si algo hay que destacar en esta película es la labor del director. Lewis Milestone, sin ser un nombre muy conocido, logra no sólo entretener, sino emocionar con sus imágenes y con los sucesos de sus personajes. Además logra unos movimientos de cámara realmente espectaculares, destacando el de la secuencia de la ametralladora, en la que se nos muestra a un hombre haciendo un barrido con el arma hacia la derecha y con un montaje paralelo, un traveling lateral moviéndose en la misma dirección que la ametralladora, y que nos muestra a los guerreros cayéndose y muriendo, como si la cámara fuese el mismo arma y nosotros los ejecutores.

En definitiva, se puede decir que Sin novedad en el frente es un auténtico peliculón. Tiene todo lo que se le pide a una película: entretenimiento a raudales, calidad artística y mensaje moral del que te quedas pensando algún rato después de verla. Sería la película perfecta de no ser por un aspecto, más moral que cinematográfico: las muertes. La sociedad puritana de aquella época no soportaría ver sangre ni violencia en el cine. No digo que las explosiones revienten tripas o hagan volar brazos y piernas, pero sí que los muertos parezca que fenecen por heridas de guerras. No sé, un poquito de salsa de tomate en la camiseta sería más que suficiente. Pero en esta película, parece que los militares perecen de muerte súbita, que van corriendo y se caen. De pronto estalla una bomba a 5 metros de él, que más que bomba parece un petardo, y el hombre en cuestión se cae. Y resulta que está muerto. No tiene heridas aparentes ni nada, pero muerto está. ¿Qué te ha pasado fiera, te has muerto del susto? En fin, que si no fuera por eso, la película sería totalmente perfecta.

PD: Arriba tenéis el trailer y podéis ver la famosa escena de las manos en la alambrada. Eso es lo más gore que hay en toda la película.

2 comentarios:

emera86 dijo...

Pues habrá que verla... ;-)

Chuparrocas dijo...

Pues adelante. Además es una de las pocas de esta década que ha sido editada adecuadamente en DVD en España. No como otras, en las que he tenido que hacer auténticas perrerías (una de ellas comprarla desde EE.UU.)