sábado, 21 de noviembre de 2009

1946: Héroes de papel higiénico

LOS MEJORES AÑOS DE NUESTRA VIDA

Título original: The best years of our lives
Año: 1946
País: EE.UU.
Duración: 163 min.
Fecha de estreno en España: 18 de marzo de 1974
Director: William Wyler
Guión: Robert E. Sherwood, según la novela "Glory for me", de Mackinlay Kantor
Música: Hugo Friedhofer
Montaje: Daniel Mandell
Fotografía: Gregg Tolland
Productor/es: Samuel Goldwin
Compañía: MGM
Intérpretes: Dana Andrews, Fredric March, Myrna Loy, Harold Russell, Teresa Wright, Virginia Mayo, Cathy O'Donnell, Hoagy Carmichael et al.

Ganadora de 7 Oscar: película, director, guión adaptado, actor, actor secundario, montaje, música

Homer, Al y Fred son tres veteranos de guerra que, tras finalizar la 2ª Guerra Mundial, se disponen a volver a casa a comenzar una nueva vida. Muchos han sido los años que han pasado fuera y ansían como nunca regresar, pero al llegar allí descubrirán que muchas cosas han cambiado y verán que todo por lo que han luchado, todo lo que han vivido, no sirve de nada en el mundo real.

El cine bélico es un género muy tratado en el cine y muy socorrido también, pues puede abarcar desde cine de acción, hasta histórico, policiaco, cine negro, o incluso comedia. De hecho, muchas de las mejores películas de la historia de los Oscar, como "Lo que el viento se llevó", "Casablanca", "Sin novedad en el frente", "El puente sobre el río Kwai" o "Lawrence de Arabia" entre otras, tienen el trasfondo de una guerra. Esto es lógico, teniendo en cuenta que tanto el cine como la guerra alcanzaron su auge en el siglo XX. Pero nunca, o casi nunca, nos han contado que pasa después de una guerra. No ya la miseria de los pueblos y ciudades partícipes, sino cómo era la vida de los guerreros que lucharon en los conflictos tras volver a casa, cómo podían enfrentarse a la vida después de lo que habían vivido, cómo olvidar todo el horror que habían sufrido y volver a ser los de antes. Como para todo hay una primera vez surgió "Los mejores años de nuestra vida", posiblemente, una de las mejores películas de toda la historia de los Oscar.

Algunos se sorprenderán y se asustarán al ver que la película dura casi tres horas (no entiendo esa manía, pero bueno), pero creedme si os digo que son casi tres horas de cine en estado puro. Si la anterior ganadora era una película fruto de la asombrosa interpretación de Ray Milland, en esta no hay un aspecto que destaque por encima de los demás, no porque no estén a la altura de las circunstancias, sino porque todo, absolutamente todo, es maravilloso. Es un ejemplo de interpretación, montaje, fotografía, dirección, música e incluso sonido, y todo ello a un altísimo nivel, de tal forma que te puedes encontrar una secuencia dominada por la intensidad de los actores y la siguiente todo fruto de la maestría del director con la cámara, a la siguiente una secuencia meramente dramática con una música magnífica y al otro una escena cómica. Y todo ello sin desentonar en absoluto, con una elegancia casi insólita.

El reparto, sin que figuren grandes estrellas, es asombroso, principalmente los tres protagonistas principales. Dana Andrews (que es un hombre, a pesar de su afeminado nombre) está magnífico en el papel de Fred Derry, un piloto de aviones que descubre que su despampanante mujer sólo está con él por su dinero y para presumir de un marido héroe de guerra. En cuanto guarda el uniforme militar, ella le pide que se lo ponga. Cuando deja de cobrar la pensión que le daba el ejército y Fred debe trabajar de heladero (hay una sutil diferencia entre ser general y vender helados, aunque me gusta más la segunda opción) ella no consiente salir con alguien que tiene ese trabajo. Fredric March está inconmensurable en su papel de Al, el personaje que, a priori, es el que menos problemas tiene: una familia feliz, una esposa que le ama, unos hijos maravillosos... pero debe volver a su antiguo trabajo de banquero y en un rol que no le gusta: encargado de proporcionar préstamos a veteranos de guerra, con lo que debe debatirse entre no prestar dinero para así contentar al banco, o compadecerse de sus compañeros veteranos y concederles el crédito. Esta interpretación le valió el merecidísimo Oscar al mejor actor.

Pero el personaje más asombroso es el de Homer, un marino que nunca luchó en un combate, pero que perdió las dos manos en un accidente naval. El papel está interpretado por Harold Rusell, un actor amateur, un veterano de guerra real, que perdió las manos de verdad en la 2ª Guerra Mundial. Los ganchos que lleva por manos, para el asombro de todos, no son efectos visuales, sino ganchos reales, como se puede comprobar en las fotos que le hicieron al recoger el merecidísimo Oscar al mejor actor secundario. Según cuentan, William Wyler le descubrió en uno de sus documentales sobre los veteranos de guerra y le contrató para su siguiente proyecto, que fue este. Después de este papel, alcanzó tal fama, que colaboró con distintas asociaciones en defensa de los minusválidos, consiguiendo grandes logros. Su papel en la película es realmente espeluznante, interpretando a un joven que, atormentado por lo que piensen los demás sobre sus manos, se aísla completamente de su familia, incluso de su prometida, complicando su relación de manera alarmante. Además, el improvisado actor consiguió un Oscar honorífico, siendo el único actor en la historia de estos premios que ha ganado dos estatuillas por el mismo papel.

El resto de actores también le va a la zaga, o mejor dicho de actrices, pues el resto, salvo algún que otro personaje (el tío Butch, por ejemplo), son féminas. Myrna Loy y Virginia Mayo interpretan, respectivamente, a las esposas de Al y Fred, ambas con gran eficacia. Cathy O'Donnell, en el papel de Wilma, la novia de Homer, derrocha amor y ternura con su interpretación. Pero si hay una actriz que deslumbra a todos con su presencia es, por supuesto, mi adorada Teresa Wright. Su papel, al principio como una simple ama de casa, hija de Al, derrochando dulzura y enamorándonos literalmente de ella, evoluciona hasta convertirse en la partícipe de un romance imposible de llevar a cabo, lleno de sufrimiento y angustia, que la joven actriz recrea a la perfección. Es lamentable que se llevase el Oscar por su insulso papel en "La señora Miniver" y en esta película no lograse tal galardón, y ni siquiera estuviese nominada.

Pero como he dicho, el reparto, a pesar de estar insuperable, no es lo único que tiene la película, sino que el apartado técnico es, sencillamente, magistral. William Wyler, después de su lamentable participación en "La señora Miniver", se resarce con con esta película, demostrando una maestría narrativa como pocas veces he podido ver en un director. El montaje, la fotografía, la música e incluso el sonido son empleados de forma impecable por el realizador germano-estadounidense, llegando a su culmen en la secuencia de la boda del final, una secuencia que deberían poner en todas las escuelas de cine como ejemplo de lo que es el uso del montaje y del sonido en la narración cinematográfica. Describiría en qué consiste esta grandísima secuencia, pero sería desvelar el final y no me gustaría. Además, quiero que veáis la película y descubráis esa escena vosotros mismos.

Como veis, el éxito de "Los mejores años de nuestra vida" no es casual. Ganó 7 Oscar, varios Globos de Oro (entre ellos al mejor drama) y un BAFTA a la mejor película, lo que se podría considerar el triplete de los premios cinematográficos. El éxito también se trasladó a las taquillas, recaudando, nada más y nada menos, que más de 11 millones de dólares de aquella época. Fue la pionera de muchas películas que, a partir de ese momento, se centraron en mostrar las dificultades adaptativas de los militares una vez acabado el conflicto. Unos hechos, todos estos, que demuestran que este filme es uno de los mejores de los Oscar y muy probablemente, de toda la historia del cine.

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