martes, 17 de noviembre de 2009

1941: El grande entre los grandes

QUÉ VERDE ERA MI VALLE

Título original: How green was my valley
Año: 1941
País: EE.UU.
Duración: 120 min.
Director: John Ford
Guión: Richard Llewellyn, según la novela homónima de Phillip Dunne
Música: Alfred Newman
Montaje: James B. Clark
Fotografía: Arthur Miller
Productor/es: Darryl F. Zanuck
Compañía: 20th Century Fox
Intérpretes: Walter Pidgeon, Maureen O'Hara, Roddy McDowall, Donald Crisp, John Loder, Anna Lee, Arthur Shields, Barry Fitzgerald, Patric Knowles et al.

Ganadora de 5 Oscar: película, director, actor secundario, fotografía, decoración

Huw es el pequeño de los Morgan, una familia obrera que vive en un pequeño pueblo galés encajado en un valle. A través de sus ojos nos cuenta cómo fue su infancia, marcada por la mina de carbón, a la que todo el pueblo iba a trabajar y cómo la llegada del señor Grufydd, el nuevo párroco del lugar, cambió su vida para siempre.

Una vez alguien preguntó a Orson Welles, uno de los mejores cineastas de todos los tiempos, cuáles eran sus tres directores de cine favoritos. Todos esperaban con ansia su respuesta, pues era interesante saber a quién seguía un director de ese calibre. El director respondió: "Muy sencillo: John Ford, John Ford y John Ford". La respuesta sorprendió a muchos, pero es lógica, pues si en el mundo hay un director por antonomasia, un realizador al que los más grandes cineastas admiran (entre ellos Spielberg o incluso Scorsese) es John Ford, americano de origen irlandés que tiene el honor de ser el director más oscarizado de la historia, con cuatro galardones. Sus películas han creado escuela, convirtiéndose en un director de obligado estudio para todo aquel que quiera dedicarse a esto del cine.

Volviendo con Orson Welles, el destino hizo que en 1941, ambos directores, posiblemente los más grandes que ha dado este bello arte, se vieran las caras en la ceremonia de los Oscar. El primero lo hizo con una de las películas más impresionantes que jamás he visto y que es con toda justicia una de las mejores de la historia: "Ciudadano Kane". Muchos dicen que fue una injusticia que no ganase el Oscar al mejor director o a la mejor película. Ninguno de ellos sabe que no estaba sólo: se enfrentaba a John Huston con "El halcón maltés", a Hitchcock con "Sospecha" y a John Ford, con una película que, aunque no alcanza la calidad de la de Welles, es digna de quitarle el premio a tan alabada cinta.

"Qué verde era mi valle" es poesía en movimiento. La belleza de sus imágenes, la elegancia y fuerza de su fotografía, conjuga a la perfección con una historia sencilla, intimista, la cual, gracias a la fuerza narrativa de Ford, nos brinda momentos antológicos, como el discurso de la madre de la familia ante los huelguistas o aquella en la que todo el pueblo va a visitarla y le canta una canción. La última secuencia del ascensor de la mina es un ejemplo de lo que es el cine: narración con imágenes, sin palabras, sólo con la iluminación y la exacta colocación de los actores en la pantalla. Es de esas secuencias en las que no puedes evitar la lagrimilla, no sólo por el inmenso drama, sino por la belleza de las imágenes.

Y es esa belleza que inunda la película la que hace que el retrato de ese idílico valle sea real. Ford mima cada fotograma para mostrar, en blanco y negro, el colorido y la alegría de aquel lugar. Curioso es el contraste entre el verde, la alegría y la armonía de la superficie, con el negro, la tristeza y el sufrimiento de la mina. Es maravilloso cómo en un mismo lugar puede haber tanta alegría, tanta belleza, pero a la vez tanto drama y tanto sufrimiento. Y eso el director sabe plasmarlo con maestría y elegancia.

También hay que comentar la labor de los actores porque, si algo es esta película, es la historia de sus habitantes. El pequeño Roddy McDowall es el protagonista, interpretando con mucha dulzura al joven Huw Morgan. Alrededor suya hay otros personajes, entre los que destacan el reverendo Grufyd, interpretado por el actor de curioso apellido Walter Pidgeon. Es un personaje que supone, con sus ideas y su carisma, un cambio, no ya en el pueblo, sino en el pequeño Huw. En él encuentra los motivos para seguir adelante en la vida, para superarse a sí mismo, para llegar más lejos que nadie en el pueblo y llegar a ser alguien.

El otro personaje destacable es el señor Morgan, el padre de la criatura, representado inmejorablemente por Donald Crisp, digno merecedor del Oscar al mejor actor secundario. El suyo es un personaje con gran cantidad de registros, desde la furia del autoritarismo (la desgarradora secuencia de la cena en la que sus hijos deciden ir a la huelga), hasta los momentos más entrañables (cuando realiza con su hijo el problema de la bañera), pasando por los más dramáticos (el accidente de su mujer y el niño). Es deliciosa la relación que mantiene con su hijo, su único atisbo de esperanza, la última oportunidad de hacer que alguno de sus hijos sea alguien importante. Esa relación se muestra en todo su esplendor al final de la anteriormente mencionada secuencia de la cena y es impagable la reacción que tiene al final del filme, cuando su hijo le revela a qué se quiere dedicar en la vida. Imposible no identificarse con él.

"Qué verde era mi valle" puede que no alcance la maestría técnica que logró "Ciudadano Kane", o que no tenga su descomunal guión, pero posee una belleza y una elegancia abrumadoras, y relata una historia tremendamente emotiva y emocionante, que Ford dirige con mimo, pues se podría interpretar como que el propio Huw es el mismo John Ford, que los Morgan son su familia y que ese pequeño valle representa la irlanda en la que vivieron su progenitores. Puede que no sea la mejor película del director americano, pero sí la más personal. Una delicia.

1 comentario:

Émera dijo...

Pues si ganó a Ciudadano Kane... habrá que verla... ;)