viernes, 5 de febrero de 2010

1987: La caída del imperio chino

EL ÚLTIMO EMPERADOR

Título original: The last emperor
Año: 1987
País: Reino Unido, China, Italia
Duración: 156 min.
Fecha de estreno en España: 17 de diciembre de 1987
Director: Bernardo Bertolucci
Guión: Bernardo Bertolucci y Mark Peploe
Música: Ryuichi Sakamoto y David Byrne
Montaje: Gabriella Cristiani
Fotografía: Vittorio Storaro
Productor: Jeremy Thomas
Compañía: Columbia Pictures
Intérpretes: John Lone, Peter O'Toole, Joan Chen, Ying Ruocheng, Victor Wong et al.

Ganadora de 9 Oscar: película, director, guión, montaje, fotografía, música, dirección artística, vestuario, sonido

La película narra la vida de Aisin-Gioro "Henry" Pu-yi, el último emperador de China, durante las primeras décadas del Siglo XX, desde su nombramiento a los 3 años de edad hasta su encarcelamiento por traición a la patria durante los años 60.


Se abre el telón y aparece una pescadería en cuyo mostrador, prácticamente vacío, hay un sólo pez espada. Se baja el telón, ¿cómo se llama la película? "El último emperador", una auténtica obra maestra del séptimo arte.

Detrás de este chiste malo (lo siento, tenía que contarlo) se esconde una película realmente hermosa y bien realizada. No en balde, el director es Bernardo Bertolucci, prestigioso cineasta italiano que años atrás ya nos resumió la historia de los primeros 70 años del Siglo XX en unas breves cinco horas, en "Novecento". En esta ocasión narra los mismos años en la mitad de tiempo, y el resultado es magnífico: una película hermosa, que guarda la esencia del cine oriental pero con una realización made in Hollywood.

La película comienza con el encarcelamiento de Pu-yi y la historia se nos cuenta hacia atrás, por flashbacks que surgen a raíz del testimonio del preso. El contraste entre las escenas del pasado y del presente se realiza de forma magistral por medio de la fotografía. Vittorio Storaro, que ya colaboró con Bertolucci en la impresionante "Novecento", utiliza el color de forma muy acertada, llenando de tonos cálidos, amarillos y rojizos, las escenas de la estancia de Pu-yi en la Ciudad Prohibida, mientras que en las escenas del presente, y algunas del pasado, cuando abandona su hogar, son de tonos verdosos y azules, muy fríos. Esto hace que toda la primera parte de la infancia y adolescencia del protagonista tenga un tono exótico y a veces cómico, por tratarse de las vivencias de un niño pequeño. Esta es la parte de más interés y más ritmo, produciéndose un contraste entre colores vivos y apagados durante la primera mitad. Pero es en la segunda mitad, cuando la película pierde el calor y se refugia en los colores fríos, cuando el filme pierde el exotismo y el encanto, con lo que se hace bastante lenta.

Pero he de decir que "El último emperador" no es una mala película, en absoluto. Merece los 9 Oscar que ganó, todos y cada uno de ellos, y también el honor de haber sido, durante 16 años, la película que más Oscars ganó habiendo hecho pleno (9 sobre 9), "honor" compartido incomprensiblemente con "Gigi", que logró la misma hazaña. El filme posee una dirección artística impresionante, con una ambientación magnífica. La recreación de la Ciudad Prohibida es asombrosa, aunque no tuvieron que reconstruirla, pues fue la primera película que recibió el permiso del gobierno Chino para rodar allí dentro, con lo que sólo tuvieron que encargarse de dar vida a la ciudad abandonada. Para ello hicieron falta, en algunas ocasiones, hasta 50.000 extras, empleándose la mayoría de ellos en la impresionante escena del nombramiento de Pu-yi, cuando este sale al patio y se encuentra con miles y miles de personas arrodillándose ante un niño de 3 años. Es una de esas escenas que te ponen el vello de punta.

Los otros aspectos, como el montaje, en el que enlaza los flashbacks en el momento exacto, ni antes ni después; la música, que a parte de ser preciosa, guarda la esencia de las melodías chinas de la época; el vestuario, el maquillaje, todo es magnífico. Incluso algunos planos que están llenos de lirismo, como la escena de cama anterior al incendio, o la del cumpleaños de Pu-yi, que demuestran el tacto de los directores europeos y, especialmente, de la calidad del gran Bertolucci.

En definitiva, "El último emperador" es lo más cercano a una obra maestra que se puede encontrar. Una historia increíble, con imágenes de un gran exotismo, una ambientación impresionante, una música atrapante y una vida, la del niño-dios Pu-yi, digna de las grandes historias de cine. Todo ello logra una gran película que te mantiene atrapado en el sitio, viéndola con ojos como platos, por la belleza de sus imágenes. Si no fuera por la lentitud del final, que hace que la historia pierda en interés, sería una absoluta obra maestra. De momento, se queda en un peliculón, una clara muestra de que el cine también puede ser un arte.

1 comentario:

Émera dijo...

Esta debería volver a verla (ni siquiera estoy segura de que la haya visto entera) a ver si después de haber estado allí me suena más el decorado... :P