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jueves, 4 de febrero de 2010

1986: Crueldad intolerable

PLATOON

Título original: Platoon
Año: 1986
País: EE.UU.
Duración: 114 min.
Fecha de estreno en España: 26 de marzo de 1987
Director: Oliver Stone
Guión: Oliver Stone
Música: Georges Delerue
Montaje: Claire Simpson
Fotografía: Robert Richardson
Productor: Arnold Kopelson
Compañía: Orion Pictures/Hemdale Films
Intérpretes: Charlie Sheen, Tom Berenger, Willem Dafoe, Kevin Dillon, Forest Whitaker, John C. McGinley, Johnny Depp, Francesco Quinn et al.

Ganadora de 4 Oscar: película, director, montaje, sonido

Chris Turner es un joven que tras acabar la universidad decide acudir como voluntario a luchar a la guerra de Vietnam. Su intención era hacer algo en la vida y ser un hombre, pero lo que allí descubre es inhumano, pues no sólo presenciará auténticas atrocidades, sino que será testigo de guerras internas y enemistades entre sus propios compañeros de pelotón.


Cuando nuestros hijos y nietos se informen sobre Oliver Stone se labrarán una idea de director venido a menos que se ha dedicado en los últimos años a dirigir películas de carácter político para así llamar la atención y que algún desalmado acuda a ver sus películas. Por eso, nuestra misión es hablarles de que mucho antes de eso Stone era un buen director y nos regaló una joya del calibre de "Platoon", una de las mejores y más desgarradoras películas de guerra jamás realizadas.

La película está centrada en los propios acontecimientos vividos por el director en la guerra, y eso se nota a lo largo del filme, pues no sólo sus secuencias gozan de un realismo atroz, sino que su estética, con algunos planos y escenas para quitarse el sombrero (como el que tenéis arriba), son fruto del amor y el cariño que Stone siente por la historia y la película en general, y en particular por el personaje de Chris, que es su propio alter ego. La película está contada a través de él, por medio de las cartas que le manda a su abuela, lo que hace que aparezca una voz en off que ayuda muchísimo en la narración. Cuenta la leyenda que la secuencia final se filmó, perfectamente rodada, en la que se dice el típico mensaje de marras pero sin la cursilería que tienen las demás películas, el último día de rodaje, cosa que Sheen no sabía. Por eso, Stone le hizo ponerse un pinganillo en la oreja y mientras montaba en helicóptero le dijo que era su último día, que tenía que irse de allí y que no volvería a ver más a sus amigos del rodaje. Sheen empezó a llorar... y eso es lo que se ve en la película.

El resto de actores está perfectos. Sorprenden los breves papeles de un jovencísimo Johnny Depp y de Forest Whitaker, pero los dos que se llevan la palma son Willem Dafoe en el papel de Elias y sobre todo Tom Berenger en el papel del despiadado sargento Burns, para mí, el personaje más importante del film, pues representa claramente el tema que quiere tratar Stone: la locura de la guerra. Y es que lo interesante de "Platoon" no es que hable sólo de lo malo que es la guerra o de lo inútil de la situación de los soldados yankis en Vietnam, sino cómo puede acabar desquiciando a la gente, hasta el punto de cometer las mayores barbaridades. Y no sólo a sus enemigos, sino entre ellos mismos. Es el hecho de luchar contra uno mismo, contra su inocencia, contra la moral de la guerra respecto a la suya propia, lo que hace de "Platoon" una película tan interesante. Creo que esta película no sería igual si Stone no hubiera participado en Vietnam.

Así que "Platoon" se puede considerar una de las mejores películas de todos los tiempos y uno de los mejores films bélicos de la historia, por su estética, su ritmo, su intensidad, su belleza y su crueldad. Una película perfecta en muchos sentidos que un hombre que no haya vivido el conflicto en sus propias carnes no había sido capaz de rodar. Qué queréis que os diga, pero prefiero mil veces a ese Oliver Stone que al actual.

sábado, 30 de enero de 2010

2009: Bigelow, corresponsal de guerra

EN TIERRA HOSTIL

Título original: The hurt locker
Año: 2009
País: EE.UU.
Duración: 122 min.
Fecha de estreno en España: 29 de enero de 2010
Director: Kathryn Bigelow
Guión: Mark Boal
Música: Marco Beltrami y Buck Sanders
Montaje: Chris Innis y Bob Murawsky
Fotografía: Barry Ackroyd
Productores: Kathryn Bigelow, Mark Boal, Nicolas Chartier y Greg Shapiro
Compañía: Summit Entertainment/First Light Production/Kingsgate films
Intérpretes: Jeremi Renner, Anthony Mackie, Brian Geragthy, David Morse, Guy Pearce, Ralph Fiennes et al.

Ganadora de 6 Oscar: película, director, guión, montaje, sonido, montaje de sonido

La película narra los peligros y vivencias de tres militares, especialistas en desactivar bombas, durante la guerra de Irak: el sargento James, un artificiero temerario que no duda en poner en peligro su vida al realizar su trabajo; el sargento Sanborn, que pondrá en duda la metodología de James; y el especialista Eldridge, un militar obsesionado con la muerte.

Desde que se inició la guerra de Irak han sido muchas las películas que nos han mostrado este conflicto. Casi todas tenían el típico mensaje moral al final que destrozaba todo el trabajo anterior. Por eso, cuando se habló de "En tierra hostil", un film sobre Irak totalmente diferente a lo que se había visto hasta la fecha, una película de acción dirigida por una mujer, y un éxito en casi todos los premios de las asociaciones de cine más importantes de Hollywood, así como en Venecia, uno se espera que estemos ante algo superior, algo que merezca la pena. Siento desilusionar, pero creo que no es así.

La película está dirigida por Kathryn Bigelow, exmujer de James Cameron, con quien comparte su gusto por las pelis de acción y su maestría al rodarlas. Y esta "En tierra hostil" no iba a ser una excepción. Es una película en las que predominan las secuencias de acción, intercalando momentos dramáticos entre ellas. Estas secuencias están genialmente rodadas y montadas, manteniendo la tensión en todo momento y dejándote pegado a la butaca conteniendo la respiración. Pero cuando éstas acaban y se pasa al relleno dramático la tensión se pierde, debido a que Bigelow rueda de la misma forma estas secuencias que las de acción.

El problema principal es que toda la película ha sido rodada con cámara de mano para aumentar el realismo de la cinta, dotándola de un tono documental que la asemeja un reportaje de televisión sobre la guerra. Esto está muy bien para las escenas de acción, pues a parte de mostrar verosimilitud a los hechos aporta tensión y dinamismo. Pero este tipo de rodaje tiene unas limitaciones que no posee una cámara estática. Estas cámaras pueden realizar zooms, travelings, barridos, planos generales, picados... métodos que permiten dar un significado a las imágenes y un lenguaje cinematográfico a la película. Dependiendo de cómo la use, el director puede manejar a su antojo los sentimientos del espectador, mostrando una cosa determinada o haciendo que sienta otra distinta. Al usar una cámara de mano, los recursos estilísticos y narrativos son mínimos, con lo que desaparece el lenguaje abstracto de la cámara y el punto de vista del director. Emplear este método en las secuencias de acción me parece fabuloso, pero emplearlo en las partes dramáticas o íntimas, donde importa más producir emociones que mostrar la cruda realidad, esto no funciona.

Así, los momentos de emoción, las partes que se supone deben poner los pelos de punta o llamar la atención, están fundamentadas sólo en las barbaridades de la guerra. Que un tío reviente una bomba, que haya un tiroteo, que utilicen a alguien como bomba lapa... Todo eso es muy cruel, ya lo creo, pero teniendo en cuenta que es una guerra, la mayor de las barbaridades humanas, todas estas cosas son normales, con lo que a penas uno se emociona o asombra por lo que ocurre (al menos a mí no me impactó). La directora no se molesta en emplear los recursos narrativos necesarios para producirnos emoción, como la música, prácticamente inexistente, no sé si porque no puede o porque no quiere. Esto hace que Bigelow se aferre a los sucesos de la pantalla para producir sensaciones. El hecho de no manipular los sucesos, de no intervenir en lo que sucede en pantalla hace que la película gane en realismo, pero no haya nada de cine en sus imágenes.

Esta poca implicación también ha producido uno de los más polémicos temas de discusión de la cinta: la poco clara ideología del filme. Hay diálogos que muestran un claro tono antibelicista, pero algunas secuencias que son totalmente probélicas. No sé si la intención de la cineasta era no mostrarse partidaria de ningún bando (o de los dos a la vez) o simplemente que no podía hacerlo al no poder dejar su impronta por el tono casi documental de la cinta. Tampoco se dejan claras las motivaciones de los personajes. Hay una conversación al final de la película, en la que el protagonista afirma no saber por qué actúa así. Pues eso mismo debe pensar la directora, que no sabe cómo actúa el protagonista y ni se inmuta en mostrarnos por qué. Se puede interpretar como que está mal de la cabeza debido a las veces que se ha jugado la vida, o a la frase que aparece al inicio del filme (la guerra es una droga), pero es más intuición que otra cosa.

Así que "En tierra hostil", esa película aplaudida en el Festival de Venecia, resulta ser otra de esas cintas que reciben elogios por el tema que tratan, más que por su calidad cinematográfica. Una buena película, pero bastante fría. Al estar rodada como si de un reportaje televisivo se tratase, las secuencias de acción son impactantes y genialmente rodadas (el Oscar al mejor montaje está garantizado), pero debido al afán de mostrar las cosas tal y como son sin manipular nada, como si fuera mera testigo de los hechos, la directora prescinde de recursos narrativos y estilísticos, y evita dejar un punto de vista subjetivo en la cinta. Así, las secuencias dramáticas intercaladas entre tanta acción ni emocionan ni impactan ni nada. Hace meses vi un reportaje sobre Irak en la 1 que me pareció más interesante que este filme, quizá porque era real. Lo cierto es que, a pesar de tener grandes esperanzas en este filme, tras verla me ha surgido un pensamiento que pensaba que nunca podría llegar a tener: "Avatar" sería una digna ganadora del Oscar a mejor película.

viernes, 8 de enero de 2010

1970: El hombre de la guerra

PATTON

Título original: Patton
Año: 1970
País: EE.UU.
Duración: 164 min.
Director: Franklin J. Schaffner
Guión: Francis Ford Coppola y Edmund North, según los libros "Historia de un soldado", de Omar Bradley y "Patton: desafío y triunfo", de Ladislas Farago
Música: Jerry Goldsmith
Montaje: Hugh Fowler
Fotografía: Fred Koenekamp
Productor/es: Frank McCarthy
Compañía: 20th Century Fox
Intérpretes: George C. Scott, Karl Malden, Stephen Young, Michael Bates, Michael Strong, James Edwards, Frank Latimore et al.

Ganadora de 7 Oscar: película, director, guión adaptado, actor, montaje, dirección artística, sonido

La película narra la vida del general estadounidense George S. Patton, concretamente sus hazañas en África durante la 2ª Guerra Mundial. Hombre admirado y odiado a partes iguales, por un lado, su gran talento estratégico hizo que se convirtiera en el general aliado más temido por los nazis durante la 2ª Guerra Mundial. Pero por otro lado, sus particular forma de pensar y su lenguaje soez y provocativo, acompañado de una creencia en la reencarnación, hicieron de Patton un hombre realmente particular que vio peligrar su envidiable carrera militar por sus poco comprendidos actos.


En 1970 el clima de EE.UU. estaba demasiado agitado, debido principalmente a la Guerra de Vietnam. Miles de personas se agolpaban en las calles con profundos sentimientos antibelicistas, un clima muy poco propicio para que se estrenase un filme de guerra. Pero la Fox se lanzó a la piscina y no sólo dirigió un filme bélico, sino uno sobre la 2ª Guerra Mundial, un conflicto ya olvidado y que no interesaba al público, pues querían ver cintas sobre la guerra que se estaba llevando en Vietnam. Sin embargo, la Fox se hospedó en el personaje principal de la película, un hombre peculiar que, tanto por su ultrabelicismo como sus declaraciones escandalosas, gustaría tanto a los probelicistas como a los pacifistas. Y así fué, pues "Patton", una de las mejores películas bélicas de la historia y uno de los mejores filmes de todos los tiempos, fue un éxito rotundo, tanto de crítica como de público, consiguiendo 28 millones de dólares en taquilla.

Gran parte de ese éxito es debido al carisma que desprende el protagonista, George S. Patton, un personaje con una doble personalidad que lo convertían en un hombre peculiar. Un ejemplo de su forma de ser está en el prólogo de la cinta, una de las más famosas e impresionantes secuencias de la historia del cine: frente a una inmensa bandera de los Estados Unidos que ocupa toda la pantalla, vemos a un hombre con casco de general. Su cantidad ingente de medallas, sus galones y su pistola de marfil nos indica que estamos ante un magnífico militar, posiblemente uno de los mejores del ejército americano. Pero comienza a hablar y todo cambia, pues la formalidad y respeto que imponían y que sigue imponiendo con su mirada y su pose, parecen desvanecerse con sus mordaces palabras, sus impactantes sentencias y sus palabras malsonantes. En esa secuencia de la famosa arenga de Patton, con frases reales sacadas de discursos reales, se ve claramente la personalidad profundamente militar del general y su forma de ser tan políticamente incorrecta para la época. En ese momento nos fascinamos por él y sentimos curiosidad por él, intentando comprender cómo un hombre con esa forma de pensar ha logrado ser el azote de Erwin Rommel, el mejor militar alemán de la 2ª Guerra Mundial.

Entonces la película empieza, y si no teníamos suficiente con el fenomenal prólogo, suena su espectacular banda sonora durante los títulos de crédito, que nos mete de lleno en lo que puede ser una película antológica. Y vaya si lo es, pues a pesar de que el descomunal trabajo de interpretación de George C. Scott, posiblemente una de las mejores interpretaciones de la historia del cine, que él solo lleva la carga de la cinta, "Patton" es un filme muy cuidado en todos los aspectos. El guión, fruto del gran trabajo de Edmund North y un jovencísimo Coppola, es una mezcla de historia y desarrollo de personajes. Por un lado se narran los acontecimientos que sucedieron desde la derrota en Kasserine hasta la llegada de Patton a Bastogne, pasando por la particular guerra de egos que el general americano mantuvo contra Montgomery, su homólogo británico, durante su paso por Sicilia. Estos episodios están llenos de secuencias de acción que supusieron un espectacular despliegue de medios, en los que colaboró el ejército español, pues la mayor parte del filme se rodó en Sevilla y Madrid y las estepas nevadas de Segovia se convirtieron en una improvisada Bélgica para narrar el avance de Patton hacia las Árdenas.

Pero por otro lado, parte del guión se centra en la psicología del propio general, siendo este el principal reclamo del filme. En estas partes absolutamente todo lo realiza Scott en un trabajo de interpretación de quitarse el sombrero. Así, la película está plagada de escenas memorables que son un alarde de interpretación, como aquella en la que recita un poema, la visita al hospital de campaña, el discurso de disculpa o la charla que da a las mujeres de Inglaterra. Aunque también es cierto que parte del atractivo del personaje es su extravagancia, destacando por encima de todo su creencia en la reencarnación, la cual se demuestra en escenas como aquella en la que recita el poema, la cena donde asegura haber sido coetáneo a Napoleón, o las continuas alusiones a acontecimientos de la historia antigua que emplea en ocasiones para realizar sus estrategias. De hecho, decide tomar Sicilia porque Alcibíades, en la guerra del Peloponeso, dijo que era fundamental para tomar Italia. Esta complicada interpretación, en la que Scott tenía que lograr que un hombre bastante excéntrico pareciera a su vez temido, noble y respetable, le valió un merecidísimo Oscar, que por cierto rechazó por considerar estos premios una burda competición entre compañeros para ver quién lo hace mejor.

A parte del gran guión e interpretaciones, tanto de Scott como del resto de actores, una espectacular fotografía, unas batallas muy intensas y un gran montaje, que hace que las dos horas y tres cuartos se nos pasen volando, hacen de "Patton" una auténtica maravilla, una de las mejores películas de todos los tiempos y el reflejo de un personaje peculiar que, aunque te guste o no este tipo de cine, no podrás evitar sentir fascinación por él. Una obra maestra de obligada visión.

lunes, 21 de diciembre de 2009

1957: Silbando al trabajar

EL PUENTE SOBRE EL RÍO KWAI

Título original: The bridge on the river Kwai
Año: 1957
País: Gran Bretaña
Duración: 155 min.
Fecha de estreno en España: 13 de octubre de 1958
Director: David Lean
Guión: Michael Wilson y Carl Foreman, según la novela homónima de Pierre Boulle
Música: Malcolm Arnold
Montaje: Peter Taylor
Fotografía: Jack Hildyard
Productor/es: Sam Spiegel
Compañía: Columbia Pictures
Intérpretes:

Ganadora de 7 Oscar: película, director, guión adaptado, actor, música, montaje, fotografía

El coronel Saito rige un campo de prisioneros de una selva de Tailandia durante la Segunda Guerra Mundial. Sus duros métodos y el insoportable clima de la zona han hecho que casi todos los presos que allí vivían muriesen, con lo que el coronel no puede llevar a cabo la orden de construir un puente sobre el cercano río Kwai que conecte varias divisiones del ejército japonés. Afortunadamente, acaba de llegar al campamento todo un batallón de soldados británicos, liderados por el coronel Nicholson, para solucionar el problema. Pero Saito pronto descubrirá que sus maneras rudas y violentas contrastan sobremanera con la calma y nobleza del coronel británico, originándose entre ellos un conflicto que pondrá en dificultades la ejecución del proyecto.

Como comenté en una de las críticas anteriores, el género bélico es el que mayores obras maestras ha generado y con "El puente sobre el río Kwai" no iba a ser menos. No sólo es una obra maestra, sino que es una de esas películas que pertenecen a la cultura popular.

David Lean, director de una de las mejores películas de todos los tiempos, la indescriptible "Lawrence de Arabia", es famoso por la espectacularidad de sus rodajes. Sin embargo, en "El puente sobre el río Kwai", esa espectacularidad parece que queda en un segundo plano, pues el director se centra más en mostrar la forma de actuar de los distintos implicados en el asunto.

Y es esto lo más interesante de todo el filme, pues cada personaje representa una forma de gobierno, siempre relacionada con su cultura y su forma de ser. Por ejemplo, el coronel Saito representa la tiranía y el autoritarismo y Nicholson la democracia, muy acorde con su talante británico. Esa lucha entre el oficial japonés y el británico no es otra cosa que la lucha entre la democracia y la tiranía, y el triunfo de Nicholson es un ejemplo del poder que tiene esta primera forma de gobierno. Pero luego está Shears, el "oficial" americano, y el pequeño comando que quiere derribar el puente (o la democracia). Sería el imperialismo, representado, cómo no, por los americanos. Y por último está el mayor Clipton, el médico, el único que no entiende las normas de la guerra (o quizá las normas que le imponen los poderosos). Representa al pueblo, aquel que muchas veces no comprende la decisión de los mandatarios, sean del partido que sean o pertenezcan a la forma del gobierno a la que pertenezcan. La secuencia final, en la que le vemos contemplando horrorizado la masacre, es el que afirma que todo aquello es una locura, dejando clara la postura de Lean al respecto: el desmadre que pueden producir los poderosos, que se enzarzan en batallas sólo por su propio provecho y acaban en una locura. Quizá sea este mensaje tan universal lo que haya hecho que "El puente sobre el río Kwai" haya envejecido tan bien a lo largo de los años.

Pero como he comentado antes, Lean es un director de superproducciones y esta, aunque más modesta, también tiene algunas partes que demuestran su grandeza. Desde el espectacular inicio en el que las tropas entran en el campamento silbando esa mítica melodía, hasta la secuencia en la que finalmente Nicholson es liberado, culminando, claro está, en su apoteósico desenlace, como si se tratase de una traca de fuegos artificiales, donde lo más sonoro y más intenso se deja para el final. La demolición del puente justo al paso del tren puede ser una de las secuencias más espectaculares de la historia del cine. Para su realización se construyó un auténtico puente y el tren era auténtico. Ni maquetas ni nada ¡Esto es Hollywood! No quiero ni imaginarme lo bien que se lo debieron pasar al rodar esa escena.

Por eso, el plano final, en el que vemos toda la destrucción, tanto material como humana, que ha generado todo esto, en un fenomenal plano general que se va abriendo y alejando, nos permite resumir lo que es "El puente sobre el río Kwai": un drama sobre los gobiernos del mundo, que se enzarzan en batallas con fatales desenlaces sin importarle el pueblo para nada. Una historia con importante carga social donde la voladura del puente aporta el toque de espectacularidad de las producciones de Lean. Magníficas interpretaciones, sobre todo del gran Sir Alec Guinness; una fotografía descomunal, un montaje intensísimo, una música inolvidable... En definitiva, una película que tiene absolutamente de todo y que, a pesar de su larga duración, no se hace larga en absoluto. Una obra maestra.

sábado, 17 de octubre de 2009

1929/1930: No a la guerra

SIN NOVEDAD EN EL FRENTE

Título original: All quiet on the Western Front
Año: 1930
País: EE.UU.
Duración: 125 min.
Director: Lewis Milestone
Guión: George Abbot, según la novela "Im Western nichts Neues", de Erich Maria Remarque
Fotografía: Arthur Edeson
Montaje: Edgar Adams
Productor/es: Carl Laemle jr.
Compañía: Universal Pictures
Intérpretes: Louis Wolheim, Lew Ayres, John Wray, Arnold, Lucy, Ben Alexander, Scott Kolk, Owen Davis Jr., Walter Browne et al.

Ganadora de 2 Oscar: película, director.

Acaba de estallar la 1ª Guerra Mundial y en Alemania la gente lo celebra exaltada. Todos se reúnen para despedir a las tropas y les dan ánimos para defender al Kaiser y al país. En una clase de un pequeño pueblo, el profesor Kantorek habla a sus alumnos de los beneficios de la guerra y les anima a alistarse en el ejército, pues será una oportunidad de conseguir gloria, fama y mujeres. Paul y el resto de sus amigos, enfervorizados, aceptan alistarse y a los pocos días están en la escuela de adiestramiento. Pero lo que todo eran risas y ambición, una vez en el campo de batalla se desvanecen: muertos por doquier, sufrimiento, horror... y ni pizca de lo que aquel profesor les dijo. Paul descubrirá entonces lo que realmente es la guerra, en fuerte contraste con las creencias que se tienen en sus casas.


Después de la enorme decepción que supuso La melodía de Broadway me enfrenté a la siguiente película con todas las ganas del mundo, pues era una de las muchas que ya me había visto, pero que a penas recordaba. Sabía que era un peliculón, pero no que fuera tan rematadamente buena. Sin ir más lejos, esta fue, con dos estatuillas, la primera película que ganó más de un Oscar, en concreto los de mejor película y mejor director, ambos totalmente merecidos, pues Sin novedad en el frente, un hermoso e impresionante canto al antibelicismo, es lo mas parecido a una obra maestra que hay. Lógicamente, no lo es, debido a una serie de limitaciones técnicas típicas de la época.

Sin novedad en el frente es una película que saca el máximo partido a todos los aspectos cinematográficos. Si nos fijamos, por ejemplo, en los efectos especiales, decoración y demás, la película es superlativa (¡toma adjetivo hiperculto!). No estamos ante una película que escatime en gastos, con explosiones que parecen petardos y demás. No. En Sin novedad en el frente se nota que se han gastado las pelas, tanto en las impresionantes secuencias de acción como en las grandes multitudes de extras que aparecen en ellas. Lógicamente, las limitaciones técnicas no permiten mostrar el realismo de otras cintas bélicas como Salvar al soldado Ryan o El Día D, pero para los años 30 esto debe ser lo más parecido a una superproducción de acción que se podían encontrar.

Pero esta película no sólo destaca en el apartado técnico, sino que también en el artístico tiene grandes logros. En primer lugar su guión. La verdad es que se nota cuándo una película está basada en una obra literaria: sus diálogos, sus situaciones, la complejidad de los personajes... Y en Sin novedad en el frente también se nota. Posee unas frases y monólogos memorables, como el del profesor al inicio, o el del mismo Paul al volver a la escuela donde se educó, uno de los mejores momentos del film. Tiene también situaciones muy curiosas, como el de las francesas, y diálogos realmente buenos, como el de las tropas preguntándose por qué existen las guerras. Los personajes están muy bien escritos y su evolución es muy creíble. Sobretodo, el que más me gustó fue el de Kat Katzinsky, una especie de ladronzuelo que se dedica a robar alimentos para que los miembros de su tropa puedan alimentarse. Y parte de ese carisma del personaje lo tiene, por supuesto, el actor, con su peculiar rostro. Y el resto de actores le siguen a la zaga, sin que haya alguno que destaque sobre los demás en su trabajo, todos perfectos. Eso sí, aún se ven ciertas reminiscencias de la forma de actuar del cine mudo, algo que tardará algunos años en desaparecer, no muchos.

Mas, si algo hay que destacar en esta película es la labor del director. Lewis Milestone, sin ser un nombre muy conocido, logra no sólo entretener, sino emocionar con sus imágenes y con los sucesos de sus personajes. Además logra unos movimientos de cámara realmente espectaculares, destacando el de la secuencia de la ametralladora, en la que se nos muestra a un hombre haciendo un barrido con el arma hacia la derecha y con un montaje paralelo, un traveling lateral moviéndose en la misma dirección que la ametralladora, y que nos muestra a los guerreros cayéndose y muriendo, como si la cámara fuese el mismo arma y nosotros los ejecutores.

En definitiva, se puede decir que Sin novedad en el frente es un auténtico peliculón. Tiene todo lo que se le pide a una película: entretenimiento a raudales, calidad artística y mensaje moral del que te quedas pensando algún rato después de verla. Sería la película perfecta de no ser por un aspecto, más moral que cinematográfico: las muertes. La sociedad puritana de aquella época no soportaría ver sangre ni violencia en el cine. No digo que las explosiones revienten tripas o hagan volar brazos y piernas, pero sí que los muertos parezca que fenecen por heridas de guerras. No sé, un poquito de salsa de tomate en la camiseta sería más que suficiente. Pero en esta película, parece que los militares perecen de muerte súbita, que van corriendo y se caen. De pronto estalla una bomba a 5 metros de él, que más que bomba parece un petardo, y el hombre en cuestión se cae. Y resulta que está muerto. No tiene heridas aparentes ni nada, pero muerto está. ¿Qué te ha pasado fiera, te has muerto del susto? En fin, que si no fuera por eso, la película sería totalmente perfecta.

PD: Arriba tenéis el trailer y podéis ver la famosa escena de las manos en la alambrada. Eso es lo más gore que hay en toda la película.