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lunes, 1 de marzo de 2010

2002: Dios bendiga Illinois

CHICAGO

Título original: Chicago
Año: 2002
País: EE.UU.
Duración: 108 min.
Fecha de estreno en España: 7 de marzo de 2003
Director: Rob Marshall
Guión: Bill Condon, según el musical homónimo de Bob Fosse y Fred Ebb
Música: John Kander y Danny Elfman
Montaje: Martin Walsh
Fotografía: Dion Beebe
Productor: Martin Richards
Compañía: Miramax
Intérpretes: Renée Zellweger, Catherine Zeta-Jones, Richard Gere, Queen Latifah, John C. Reilly, Christine Baranski, Taye Diggs et al.

Ganadora de 6 Oscar: película, actriz secundaria, dirección artística, montaje, vestuario, sonido

Roxie Hart es una joven del Chicago de los años 20 cuyo mayor sueño es ser una cantante de cabaret, como su gran ídolo Velma Kelly. Por esta razón engaña a su marido con Fred Casely, un hombre que dice tener contactos en las altas esferas que podrán colocar a Roxie. Pero tiempo después descubre que todo es falso, que Fred no conoce a nadie del espectáculo y que sólo lo dijo para acostarse con ella. Roxie no se lo toma demasiado bien y mata a su amante, con lo que es encarcelada bajo la amenaza de acabar en la horca. Para salir de su delicada situación, Roxie deberá contratar a Billy Flynn, un famoso abogado experto en crímenes pasionales, que se conoce al dedillo el mundo judicial de la época, lo que le ha permitido que nunca jamás pierda un juicio.


Tras el estreno en 2001 de la abominable "Moulin Rouge" parecía que el musical se había puesto de moda otra vez. Si bien la película de Luhrban no alcanza la suficiente calidad, si es que tiene alguna, para relanzar con seguridad un género ya perdido, es cierto que su enorme éxito demostró que este género no estaba tan dormido como muchos pensaban. Esto mismo pensó Rob Marshall, un joven director que debutó en la gran pantalla con una deslumbrante y divertidísima sátira sobre el espectáculo que originaba el crimen durante los años 20: "Chicago", una auténtica delicia de musical.

Es cierto que ese año estuvieron nominadas muy buenas películas, como la desoladora "El pianista", la genial "Gangs of New York", o la segunda parte de la saga del anillo. Pero ¿qué fue lo que hizo que entre todas estas ganase un musical 34 años después de "Oliver!"? A parte de otros factores que algunas veces no comprendo, fue el enorme éxito y, por qué no, la gran calidad de "Chicago" la que hizo que mereciera el Oscar a la mejor película. Y es que, aunque pueda parecer que es una mala película, o que es una crítica bastante subjetiva debido a mi amor por los musicales (amo más a Scorsese, así que no tiene sentido este argumento), "Chicago" es una auténtica maravilla.

El filme no es como los musicales al uso. No se parece a "Sonrisas y lágrimas", "Cantando bajo la lluvia" o "West side story". Es un musical que sigue la escuela de "Cabaret", donde las canciones se representaban en el escenario, delante de un público, y no en mitad de la calle, dando saltos y brincos sin sentido. Con esto se gana bastante en realismo. Pero Marshall va más allá y da un enfoque narrativo a este estilo de musical. Como si de una voz en off se tratase, los números musicales de "Chicago" son utilizados para expresar los anhelos y pensamientos de los personajes, de tal forma que, si en otras películas del género podíamos prescindir de las canciones, metidas al tuntún, aquí son fundamentales para saber lo que piensa cada personaje en cada momento.

Tampoco las coreografías y los decorados de estos números están realizados al azar, sino que tienen sentido narrativo. Así, en la canción "Roxie", en la que la protagonista canta una canción sobre sí misma, el decorado se llena de espejos que la reflejan a ella, pues es ella lo que realmente importa. En el genial tema "We both reached for the gun", que tenéis arriba, vemos a los periodistas y la propia Roxie como títeres controlados por Billy Flynn, algo que ocurre en la realidad de los personajes.

Otro atractivo que tienen los musicales, a parte de las canciones, que en el caso de "Chicago" son todas fabulosas, es ver a un grupo de intérpretes que dudábamos de sus cualidades vocales verles cantar y bailar estupendamente bien. En este caso, si nos sorprende ver danzar a la despampanante Catherine Zeta Jones teniendo en cuenta sus inicios como cantante y baliarina en el teatro, contemplar atónitos lo bien que se desenvuelve Richard Gere en el escenario te puede hacer entrar en un estado de schock. Sus dos únicos números musicales son, a mi juicio, los mejores temas de toda la película. Renée Zellweger, aun con las mismas carusas que siempre pone, está espléndida, aunque estaría mejor con unos pocos kilos de más. Queen Latifa, no sé por qué, no me sorprende tanto, y John C. Reilly protagoniza un curioso y elegante número musical. Todos ellos están espléndidos y sorprenden gratamente.

Las partes intermedias entre número y número, lo que se puede considerar película en sí, no desentona en absoluto con los números musicales, ensartando estos últimos de forma tan elegante y certera que a penas llama la atención. Merecidísimo Oscar al montaje.

Con todo, aunque pueda parecer un filme menor por tratarse de una comedia musical, "Chicago" tiene muchísimos méritos que la hacen digna ganadora del Oscar de este año: unas canciones estupendas, una escenografía impecable, unos actores en estado de gracia, un guión muy simpático y una fuerza y vitalidad impresionantes, que hicieron, esta vez sí, que el musical volviera a renacer. Después de esta llegaron otros muchos filmes del género, como "Los productores", "Sweeney Todd" o "Mamma Mía", siendo esta última la única que se acerca a la sensación de disfrute de "Chicago", pero sin la elegancia visual de la peli de Marshall. Ni siguiera el propio director, con su último trabajo, ha podido igualar la frescura de su primer film. Y es que "Chicago" se puede considerar un milagro, al triunfar en una época poco proclive para hacerlo. Que Dios bendiga Illinois.

martes, 5 de enero de 2010

1968: La apoteosis del cine musical

OLIVER!

Título original: Oliver!
Año: 1968
País: EE.UU.
Duración: 145 min.
Fecha de estreno en España: 19 de diciembre de 1969
Director: Carol Reed
Guión: Vernon Harris, según la novela "Oliver Twist" de Charles Dickens
Música: Lionel Bart
Montaje: Ralph Kemplen
Fotografía: Oswald Morris
Productor/es: John Woolf
Compañía: Columbia Pictures
Intérpretes: Ron Moody, Shani Wallis, Mark Lester, Oliver Reed, Harry Secombe, Hugh Griffith, Jack Wild, Clive Moss et al.

Ganadora de 5 Oscar: película, director, dirección artísica, música, sonido

Oliver Twist es un niño que malvive en un orfanato de Inglaterra. Debido a su mal comportamiento, es expulsado del orfanato y vendido a un funerario, el cual le maltrata, con lo que el pequeño Oliver decide huir hacia Londres, la gran ciudad, donde espera hacer fortuna. Allí conoce a Dodger, un pequeño ladronzuelo que le invita a su casa donde le presenta a Fagins, un vulgar ladrón que utiliza a los niños para hacer pequeños hurtos. Oliver decide quedarse a vivir con ellos pues, a pesar de ser una banda de ladrones, son las personas que mejor le han tratado en su vida.


Supongo que ya sabréis que soy un enamorado de los musicales. Pero este amor no me vino desde pequeño, sino que, al igual que el amor por el cine, hay una película que hace que ese amor florezca en ti. Para mí, el que lo inició todo fue "Oliver!", un musical que debería estar en el podio de los grandes filmes del género, pero que no goza de demasiada fama a pesar de su impresionante calidad. Sí, pues mientras que "West side story" es el mejor y más original musical jamás rodado y "Sonrisas y lágrimas" es el más conocido, "Oliver!" es, sin ninguna duda, el más espectacular y divertido.

No os tiréis de los pelos todavía. Puedo admitir que "Cantando bajo la lluvia" sea el más divertido musical de todos, pero es que "Oliver!", a demás de divertido, es espectacular. Y esa espectacularidad se debe en gran medida a la puesta en escena. Goza de unos decorados hiperrealistas, muy alejados del estilo de cartón piedra de "My fair lady" o "Mary Poppins". Gran parte de ese realismo se debe a la descomunal fotografía de Oswald Morris, que iluminando u oscureciendo ciertas partes del decorado, da una sensación de profundidad muy lograda. No puedo quitarme de la cabeza la hermosura del plano final en el que los dos mejores personajes de la película, de los cuales hablaré luego, se van alejando hacia el amanecer.

El otro factor que influye en la grandiosidad de esta película es en los números musicales. No tienen nada que ver con los de "My fair lady", ni siquiera con los de "West side story". Aquí no temenos a seis o siete personas bailando a la vez. Ni siquiera a veinte o a treinta personas, sino a todo un escenario, posiblemente centenares de extras, todos bailando al unísono, moviéndose todos al compás, desde el actor que está en primer término hasta el que figura en el al final del todo, en el fondo del escenario. Ese decorado ensanchado por el director de fotografía es aprovechado para llenar de bailarines unos números musicales apoteósicos. Tenemos muchos ejemplos, como el de la primera canción después del "intermision", o el baile que provoca Nancy en el bar. Pero si hay un número musical que defina perfectamente lo que digo, es más, que define claramente el espíritu alegre y enérgico de la película, es el de "Consider yourself", que podéis ver arriba. A pesar de lo espectacular que resulta verlo en la ventanita pequeña del reproductor, en una pantalla más grande y con una visión más nítida es realmente impagable.

Y siguiendo con el vídeo de arriba, y teniendo en cuenta que lo hayáis visto, os habréis topado con uno de los mejores personajes de toda la película, el sinvergüenza pero carismático Dodger. Este chaval, no sé si por su carisma, su simpatía o su chistera, conquista el corazón del espectador de una forma increíble. No en vano, estuvo nominado como mejor actor secundario a pesar de su corta edad. Y el chaval hace un trabajo magnífico. El otro personaje que se gana el afecto del espectador es el de Fagins, un rufián y egoísta ladrón que, sin embargo, trata a Oliver mejor que cualquier persona le trató antes. El actor Ron Moody, nominado muy merecidamente, pero no ganador (creo que injustamente), del Oscar al mejor actor principal, te roba el alma con sólo verle bailar unas danzas y cantar unas canciones imposibles, además de que su personaje es encantador por su ambigüedad y su carisma. Estos dos seres, Fagins y Dodger, son los dos mejores personajes de toda la película y su última aparición, la anteriormente mencionada escena de los dos alejándose al amanecer, debería considerarse como una de las más bellas de la historia de los musicales. El resto de personajes, a pesar de encariñarse con ellos (la atractiva Nancy, el terrorífico Bill Stikes, e incluso el odioso señor Bumble), no alcanzan el carisma que los dos anteriores. Quizá, el personaje menos atractivo sea el del propio Oliver, que tiene un tufillo de niño repelente asqueroso, pero como es muy rico y no sale demasiado, pues no importa.

"Oliver!" es el máximo exponente del musical made in Hollywood, y yo diría que el último de todos. Su cercanía con la década de los 70, época de reinvención temática del cine, no dejó lugar a este género tan edulcorado. De hecho, hubo que esperar la friolera de 34 años hasta que un musical ganase de nuevo el Oscar a la mejor película. Fue "Chicago", en 2002, pero su estilo, más sobrio, no tiene la espectacularidad y la grandeza de "Oliver!", ni siquiera de los grandes musicales clásicos. De ahí la importancia de esta película, reconocimiento que no se le ha dado ni siquiera en este Siglo XXI. Es una desgracia, pues este gran musical es una gozada, un film grandioso con el que grandes y pequeños los pasarán pipa. ¿Por qué creéis que en el título le han puesto un signo de admiración al nombre de Oliver? Porque es un musical admirable.

viernes, 1 de enero de 2010

1965: La cursilada hecha arte

SONRISAS Y LÁGRIMAS

Título original: The sound of music
Año: 1965
País: EE.UU
Duración: 167 min.
Director: Robert Wise
Guión: Ernest Lehman
Música: Richard Rogers y Oscar Hammerstein
Montaje: William Reynolds
Fotografía: Ted McCord
Productor/es: Robert Wise
Compañía: 20th Century Fox
Intérpretes: Julie Andrews, Christopher Plummer, Richard Haydn, Eleanor Parker, Peggy Wood, Heather Menzies, Charmian Carr, Ann Lee et al.

Ganadora de 5 Oscar: película, director, música, montaje, sonido

María es una novicia un tanto rebelde que no sabe acatar las normas de la abadía en la que se prepara para ser monja. Como escarmiento, la superiora decide mandarla a casa del capitán von Trapp, ex militar del ejército austriaco, para hacer de institutriz de sus siete hijos. Allí descubrirá que el capitán, tras la muerte de su esposa, ha liderado la casa como si se tratase de un ejército, malcriando a sus hijos, con lo que María deberá educar a los niños a través de la música.

El musical, a pesar de ser un género made in Hollywood, no ha ganado demasiados Oscar, quizá porque es muy difícil con este género contentar a crítica y público a partes iguales. Sin embargo, es curioso que durante los años 60, cuatro de las mejores películas sean musicales y dos de ellas lo sean consecutivamente. Era muy difícil que tras la divertida "My fair lady" fuese otro musical el que se alzase con el título de la mejor película al año siguiente. Pero hay fenómenos que nadie puede evitar y ni siquiera la Academia pudo parar el éxito que cosechó "Sonrisas y lágrimas", el musical (yo diría la película) más famosa de la historia. La curiosa y emotiva historia de los von Trapp arrastró a los cines a millones y millones de personas, arrebatando el récord que por aquel entonces tenía "Lo que el viento se llevó" como la película más taquillera.

Pero de dónde viene su éxito, se pregunta Julie Andrews en la presentación del DVD y me pregunto yo también. Posiblemente sea su emocionante historia, o quizá sus interpretaciones, o sus personajes. Todo eso influye, pero hay algunos otros factores, como la música, que hacen que este filme sea tan querido. Las canciones son grandísimas y están muy bien cantadas, perteneciendo algunas de ellas al imaginario colectivo. Otro gran factor es la estupenda fotografía, que nos muestra los hermosísimos parajes de Austria (te entran ganas de viajar allí). Son todas estas cosas las que hacen que la película sea realmente emocionante y bella.

Sin embargo, hay algo que hace que toda esa belleza y cursilería (que la hay mucha), no atragante mucho, y es la elegancia y sobriedad que le infiere Robert Wise, el mayor experto en musicales de Hollywood. Al igual que hizo con su intimista y rompedora "West side story", Wise aporta clase y sobriedad a "Sonrisas y lágrimas", sobre todo con una fotografía llena de claroscuros, con la que evita que tanta luminosidad y ñoñería acabe a uno cansándole.

Así que se puede decir que "Sonrisas y lágrimas" es un musical cuya principal baza, a parte de la tierna historia, son unas canciones que todos podríamos cantar de memoria y unos decorados y paisajes que podrían haberse vuelto demasiado ñoños y cursis de no ser por la maestría de Robert Wise para dotar a los musicales de una cierta clase y seriedad. Con todo, "sonrisas y lágrimas", el musical por excelencia, es una película emocionante, muy bonita y con algunas partes demasiado edulcoradas, pero que la serenidad de Wise hace que no se desmadren. Una película inolvidable que todos deberían ver. Aunque, ¿qué demonios? ¡Si todo el mundo la ha visto!

jueves, 31 de diciembre de 2009

1964: Una película adorable

MY FAIR LADY

Título original: My fair lady
Año: 1964
País: EE.UU.
Duración: 163 min.
Fecha de estreno en España: 23 de diciembre de 1964
Director: George Cukor
Guión: Alan Jay Lerner, según el libro "Pigmalion" de Bernard Shaw
Música: Frederick Loewe
Montaje: William Ziegler
Fotografía: Harry Stradling
Productor/es: Jack L. Warner
Compañía: Warner Bros. Pictures
Intérpretes: Audrey Hepburn, Rex Harrison, Stanley Holloway, Wilfrid Hyde-White, Gladys Cooper, Jeremy Brett, Theodore Bikel et al.

Ganadora de 8 Oscar: película, director, actor, fotografía, música, diseño de vestuario, dirección artística.

Henry Higgins es un prestigioso profesor de fonética que vive en el Londres de principios de Siglo XX. Una noche conoce a Eliza Doolittle, una mendiga que se gana la vida vendiendo flores. Horrorizado por la jerga tan desagradable que utiliza, Higgins se apuesta con un amigo que es capaz de convertir a Elizah en toda una señorita de la alta sociedad con tan sólo enseñarla a hablar correctamente el inglés en un plazo de seis meses.


En 1956 se estrenó en Broadway un musical basado en una novela de Bernard Show. La obra, interpretada por Rex Harrison y Julie Andrews, se convirtió en el musical más representado del mundo durante décadas y para muchos críticos es considerado el musical perfecto. Este éxito no fue ajeno a la astuta mentalidad de los productores de Hollywood, que vieron en ella un filón. Por eso en 1964 decidieron estrenar la adaptación cinematográfica de "My fair lady". Pero hubo un pequeño problema y es que ese mismo año la Disney estrenó otro musical, también desarrollado en Londres, que fue un rotundo éxito: "Mary Poppins". El destino de ambos musicales está ligado desde el comienzo, no sólo por sus actrices, sino por su enorme parecido.

"My fair lady" tiene un estilo visual, tanto en decorados como en fotografía, a "Mary Poppins", estética que ha sido imitada por muchos musicales posteriores, como "Oliver" o "La bruja novata". Incluso la forma de vestir de Eliza al principio de la película se parece demasiado al atuendo de la niñera mágica. También se puede decir que ambas duran aproximadamente lo mismo. Sin embargo, el parecido se queda ahí, pues el número de canciones inolvidables de "My fair lady" es muy inferior al de la producción de Disney, y no tiene su ingenio y originalidad. Tan sólo hay tres temas, a lo largo de las cerca de tres horas, que merecen la pena: los dos divertidísimos temas cantados por Freddy Doolittle, el padre de Eliza, y el precioso "Wouldn't it be lovely?" cantado por Hepburn y que podéis ver arriba. Este es el mejor tema de toda la película y posiblemente, uno de los más hermosos temas compuestos para un musical. El resto de canciones, salvo unas cuantas excepciones, consisten en Rex Harrison hablando con música de fondo, es decir, canciones horribles. Así que el mayor atractivo de un musical, que son sus canciones, aquí casi brillan por su ausencia, haciendo que en ocasiones la película se haga un tanto larga. De no ser por el encanto de Hepburn la película sería casi insoportable.

Ahora bien, "My fair lady" es una muy buena película, y no tiene nada que ver con bodrios como "La melodía de Broadway" o "Un americano en París". Tiene una fotografía mucho más lograda, no tan bella ni tan oscura como "West side story", pero muy buena. Ya digo que la puesta en escena recuerda mucho a los clásicos musicales de Disney, con lo que la película tiene cierta elegancia. Y también, claro está, está mejor interpretada. A pesar de que Harrison ganó el Oscar (creo que fue por la inercia del Tony que le dieron en Broadway), no es el que mejor lo hace, siendo Stanley Holloway, que también trabajó en la representación teatral, el más simpático de todos. Su personaje de padre de Eliza es enormemente entrañable y las dos canciones más divertidas están cantadas por él. Pero la protagonista es Audrey Hepburn, una de las actrices más bellas que ha pisado la faz de la Tierra, que hace un papel espléndido. Su voz, a pesar de ser demasiado chillona, se disimula al oírla cantar, pues lo hace realmente de maravilla, como podéis ver en el vídeo de arriba. La Hepburn fue elegida como protagonista, dejando fuera de lugar a la actriz original que interpretó a Eliza en Broadway, una desconocida Julie Andrews. Dio la casualidad, como supongo que habréis descubierto, que esta última fue elegida como protagonista de "Mary Poppins", papel con el que debutó y que le lanzó a la fama (más relaciones entre ambas películas). Curiosamente, ambas actrices fueron nominadas al Oscar por su trabajo, con lo que el morbo de ver quién arrebataba el premio a quien estaba servido. Sería interesante ver cómo Andrews pierde el Oscar ante la actriz que le "arrebató" su papel. Y también estaría curioso ver cómo Andrews se lleva el gato al agua, dando con un canto en los dientes a los productores de "My fair lady". Finalmente, los Académicos de Hollywood, que no quieren demasiados problemas, dieron el premio a Andrews por su papel de Mary Poppins, pero inflaron a premios a "My fair lady", para que así ninguna de las dos se alzase por encima de otra y todos se fueran contentos.

Anécdotas aparte, y en forma de resumen, decir que "My fair lady" es un gran musical, con una estética en la que se basaron muchos musicales posteriores, algunos temas antológicos (otros no tanto) y con una duración demasiado larga pero que no se hace aburrida en ningún momento. Una película muy recomendable y altamente disfrutable. Como advertencia, deciros que a diferencia de otros musicales, las canciones han sido dobladas al castellano, y escuchar a Rex Harrison diciendo frases estúpidas sin rima con música de fondo es bastante desagradable. Si la véis en V.O. mejor, así no tendréis que estar cambiando el audio y los subtítulos cada dos por tres.

lunes, 28 de diciembre de 2009

1961: El mejor musical jamás rodado

WEST SIDE STORY

Título original: West side story
Año: 1962
País: EE.UU.
Duración: 145 min.
Fecha de estreno en España: 28 de febrero de 1963
Director: Robert Wise y Jerome Robbins
Guión: Ernest Lehman, según el musical homónimo de Arthur Laurents
Música: Leonard Bernstein
Montaje: Thomas Stanford
Fotografía: Daniel L. Fapp
Productor/es: Robert Wise
Compañía: MGM-UA
Intérpetes: Natalie Wood, Rita Moreno, George Chakiris, Richard Beymer, Russ Tamblyn, Simon Oakland, Ned Glass, William Bramley, Tucker Smith, Tony Mordente et al.

Ganadora de 10 Oscar: película, director, actor secundario, actriz secundaria, dirección artística, fotografía, música, montaje, vestuario, sonido

En la Nueva York de mediados del siglo XX hay dos bandas callejeras que se disputan el dominio de la ciudad: los Jets, formada por nativos americanos y los Sharks, compuesta por puertorriqueños, gremio que no para de aumentar su número. Ambas bandas se odian a muerte y quieren declararse la guerra, pero para ello los Jets deberán hablarlo con su antiguo líder, Tony, un joven que ha dejado la banda para dedicarse a una vida decente. Riff, el jefe de los Jets y mejor amigo de Tony, le pide que vayan a un baile que hay esa noche, donde declararán la guerra a los Sharks y este acepta a regañadientes. Pero una vez allí, Tony conoce a María, la hermana del líder de los Sharks, y los dos se enamoran perdidamente. Sin embargo, su romance es peligroso, pues ninguno de sus amigos y familiares acepta que se enamoren de alguien del otro bando y menos cuando ambos se han declarado la guerra.


En este reto que me está encantando y que empecé hace ya tres meses, he podido ver tres musicales, todos ellos decepcionantes. "La melodía de Broadway" era un despropósito que incomprensiblemente ganó el Oscar a la mejor película, aunque su falta de calidad se le podría achacar a que eran los albores del cine. "Un americano en París" era una chorrada, un filme difícilmente soportable y que, siendo de los años 50, tiene más delito que sea tan cutre. Y por último, "Gigí", el menos malo de todos, no deja de ser una cursilada con un mensaje dudoso y todas las canciones iguales. Pero entonces ocurre un milagro y el cuarto musical que he visto ha dado un salto de calidad tan alto que me ha impresionado. No sé si "West side story" será el mejor musical que se ha rodado jamás (posiblemente lo sea), pero lo cierto es que es tan novedoso que hasta ahora no conozco ningún musical que se le parezca.

Desde el inicio de la película, ya se veía que iba a ser algo totalmente nuevo. Mientras que películas como "Días sin huella", "El apartamento" u otras se nos mostraba la ciudad de Nueva York desde un perfil completamente reconocible, mostrando su característica silueta, en "West side story" se muestra la ciudad en picado, desde el aire, como nunca antes se había mostrado. Y es que "West side story" es un musical como nunca antes nadie había visto antes.

Supongo que ya conoceréis que Arthur Lorents pretendía hacer una actualización de "Romero y Julieta" de Shakespeare ambientándola en Nueva York en los años 50 y que, basándose en unos artículos sobre bandas callejeras, encontró el enfoque adecuado. Un planteamiento muy original que no se quedó ahí, sino que la originalidad también se trasladó a la forma de realizarlo, sobre todo en los bailes. Porque la novedad de "West side story" está en que es un musical más basado en los bailes que en las canciones, y en unos bailes modernos, más cercanos a la danza, que al claqué de Gene Kelly. A mí, qué queréis que os diga, no me va demasiado eso de la danza, pero no es como la danza clásica, sino que tiene un toque de modernidad. Además, no todo son bailes, sino que posee canciones preciosas, muy bien cantadas y, a diferencia de filmes como "Gigí", todas ellas distintas. Esto hace de "West side story" un musical muy variado en el que se pueden ver números más basados en el baile (como en la secuencia del gimnasio), otros cantados en solitario (la primera canción de Tony), duos realmente emotivos (como la maravilla que tenéis arriba en el vídeo) o incluso un fabuloso quinteto en el que unas canciones y otras se entrelazan en una apoteosis musical.

Pero no sólo de música vive "West side story". La grandeza de la película está también en su diseño visual, llamativo pero elegante, gracias a una fabulosa fotografía de Daniel L. Fapp. Las imágenes son una mezcla de colorido y claroscuros muy bien tratada, que hacen que aumente la belleza de la película, alejándose de la ampulosidad chillona de "Un americano en París" o "Gigí". Pero también los actores juegan un papel crucial para la película. Todos eran intérpretes jóvenes y guapos, prácticamente desconocidos, pero de gran calidad. Tan sólo la hermosísima Natalie Wood era la única estrella de toda la película. Su presencia, a parte de calidad, aporta belleza, pues en una historia de amor lo importante, al menos para mí, es que te enamores de alguno de los dos protagonistas, para así meterte en la piel de uno de ellos y vivir el romance en tus carnes. Cuando uno ve a Natalie Wood se queda enamorado de ella completamente y se siente un Tony más, con todo lo que ello supone. Lo curioso de todo esto es que tanto Natalie Wood como Richard Beymer se llevaban fatal, algo que parece mentira, pues el amor que destilan ambos en cada plano es tremendo. Además, los dos fueron doblados a la hora de cantar. Beymer directamente no sabía cantar, pero Wood sí, y muy bien, lo que pasa es que su voz no terminaba de cuajar del todo y tuvieron que doblarla. También fueron doblados otros actores en algunas ocasiones, sobretodo los oscarizados Russ Tumblyn y Rita Moreno, aunque tan solo en una canción.

La dirección artística también es descomunal, con unas coreografías que, a parte de deslumbrar, tienen un tono narrativo. No es como los infumables 20 minutos finales de "Un americano en París", en la que todo era baile por baile. Aquí algunas secuencias, como los partidos de baloncesto o incluso la pelea del final, están muy bien coreografiados. Pero si hay una coreografía con la que me quedo es con la del final, en la que no hay baile, pero vemos a todos los miembros del reparto marchándose de la escena, de uno en uno, de tres en tres, poco a poco, hasta quedarse vacía, como si de una representación teatral se tratase. Y es que con "West side story" he tenido una sensación que no tuve con anteriores musicales: me imaginaba cada secuencia y cada número musical como si se tratase de un escenario de un teatro, y cuadraban perfectamente, tanto allí como en el cine. Quizá sea porque el encargado de las coreografías era el mismo que el de la obra de teatro, Jerome Robbins, el cual se dedicó exclusivamente a los números musicales, mientras Robert Wise dirigía las secuencias dramáticas, y que fue despedido en mitad de la realización, debido a que su carácter estricto retrasaba el rodaje. Afortunadamente, Wise era un hombre ejemplar e invitó a Robbins a montar las secuencias musicales y a la gala de los Oscar, donde los dos directores recibieron el premio.

En definitiva, una grandísima película, un musical absolutamente rompedor, por su novedad y por su fuerza, que supuso un antes y un después en el mundo del musical. Grandes canciones, bailes imposibles, una fotografía hermosa y una historia bellísima que arrastraron a 19 millones y medio de espectadores a los cines. Un filme que sería perfecto si no fuera por que la secuencia del enamoramiento es un poco inverosímil. Una digna ganadora del Oscar, a pesar de que junto a ella compitiera "Los cañones de Navarone", gran película de aventuras que admiro profundamente. La única película en la historia que ha ganado 10 Oscar.

martes, 22 de diciembre de 2009

1958: Un musical en París (vol. 2)

GIGÍ

Título original: Gigi
Año: 1958
País: EE.UU.
Duración: 115 min.
Director: Vincente Minelli
Guión: Alan Jay Lerner, según la novela homónima de Collete
Música: Frederick Loewe
Montaje: Adrienne Fazan
Fotografía: Joseph Ruttenberg
Productor/es: Arthur Freed
Compañía: MGM
Intérpretes: Leslie Caron, Maurice Chevalier, Louis Jordan, Hermione Gingold, Jacques Bergerac, Eva Gabor et al.

Ganadora de 9 Oscar: película, director, guión adaptado, montaje, fotografía, música, canción, dirección artística, diseño de vestuario

Gastón es el joven más admirado del París de 1900. Es guapo, elegante, rico, heredero de una gran empresa azucarera... pero su vida es demasiado aburrida: una fiesta por aquí, un viaje a Monte Carlo por allá... y todo ello acompañado de una mujer distinta cada vez. Por eso, siempre que puede, acude a visitar a Mami, una vieja amiga de la familia y, sobre todo, a Gigí, una vivaz joven cuya energía y talante rebelde hacen que Gastón se sienta vivo otra vez y encuentre en ella la mejor forma de escape a su monótona vida. El afecto que siente por ella es pura amistad, pues la conoce desde que era una simple niña. Pero Gigí ha crecido y gracias a las lecciones de protocolo de su abuela para comportarse como una verdadera dama, la niña parece una auténtica mujer. Es por eso que Gastón comienza a sentir algo por ella... pero Gigí no está dispuesta a sacrificar su vida de juventud y libertad para convertirse en una señorita que deba cumplir las normas sociales.


Cuando la película empieza y uno ve este vídeo se queda un tanto noqueado. ¿Un viejo dando las gracias a Dios sobre las niñitas? ¿Una película que hace apología de la pederastia? Luego, cuando conocemos al personaje de Honoré descubrimos que simplemente es un mujeriego, pero no deja de tener un regusto un tanto amargo y de crear una especie de enemistad con la película. Esperas que sólo sea una anécdota, pero tal y como suceden los acontecimientos, uno se va desilusionando: vemos a la abuela de Gigí enseñando a su nieta cómo actuar correctamente para complacer a su marido. En ese momento sabemos de qué va la película y deseamos con todas nuestras fuerzas que acabe siendo todo lo contrario.

Y hay motivos para la esperanza, principalmente gracias a dos personajes. El primero es la guapa Gigí, una adolescente que sólo piensa en disfrutar de la vida, jugar y divertirse. Es la antítesis de lo que representa esa sociedad francesa en los albores del siglo XX y por eso confiamos en ella. El segundo es Gastón, un joven burgués cansado de su vida alocada de desenfrenos y portadas de revistas, que necesita la compañía de Gigí para poner los pies en el suelo. Son dos personajes que difieren un poco con la burguesía del París de 1900 y tenemos la esperanza de que ambos puedan cumplir sus deseos... pero cuando uno llega al final no puede hacer otra cosa que desilusionarse, aunque al final triunfe el amor. Quizá por aquello de ser un musical, edulcorado y colorido, el amor tiene que triunfar a toda costa. Probablemente por eso "Lo que el viento se llevó" sigue tan imperecedera e implacable. Pero ojo, no quiero decir que no me guste que el amor gane en Gigí, sino que todos ganan, es decir, que continúan llevando una vida burguesa, acorde con las normas establecidas y tan dudosamente éticas.

Si al menos el resto de la película mereciera la pena el resultado será distinto, pero es que no lo es. Las canciones son bonitas, pero todas son exactamente iguales, salvo esta primera y "The night they invented champagne". Ni siquiera el tema "Gigí" creo que merezca la pena, pues a pesar de ser bastante bonito, es un calco del resto de canciones. No entiendo por qué ganó el Oscar. No comprendo tampoco el Oscar al montaje, y si os digo que la única fotografía de toda la película que merece la pena la vi al final, en la bellísima escena de la fuente que dura 5 segundos, entenderéis por qué es esta una de las películas que más incomprensiblemente ganó 9 Oscar, principalmente cuando este mismo año se estrenó "Sed de mal", de Orson Welles, que no estuvo nominada. Son esas cosas que uno jamás entiende.

En definitiva, un filme poco recomendable. No es aburrido, porque sus personajes son algo simpáticos y vives con la esperanza de que todo acabe bien. Para los que les encanten los musicales ñoños acabará genial, pero para aquellos que esperamos algo menos pomposo y convencional, nos decepcionará. Ya llevo 31 películas vistas en este reto y da la casualidad de que las peores son musicales. Afortunadamente, durante los años 60 esto cambia.

martes, 1 de diciembre de 2009

1951: Un musical en París (vol. 1)

UN AMERICANO EN PARÍS

Título original: An american in Paris
Año: 1951
País: EE.UU.
Duración: 148 min.
Director: Vincente Minelli
Guión: Alan Jay Lerner
Música: Gerge Gershwin
Montaje: Adrienne Fazan
Fotografía: Alfred Gilks
Productor/es: Arthur Freed
Compañía: MGM
Intérpretes: Gene Kelly, Leslie Caron, Oscar Levant, George Guetary, Nina Foch, Ernie Flat, Alex Romero, Dick Humphries et al.

Ganadora de 6 Oscar: película, guión, fotografía en color, banda sonora, vestuario en color, decoración en color

Jerry Mulligan es un excombatiente de la 2ª Guerra Mundial que viaja a París para continuar su carrera de pintor callejero y encontrar inspiración para sus cuadros. Una noche conoce a Lise Bouvier, una joven francesa de la que se enamorará perdidamente. Ambos vivirán un romance apasionado, pero Jerry no sabe que Lise es la prometida de Henri Baurel, un famoso cantante de variedades y amigo personal de Adam, vecino y amigo del mismo Jerry.


Es curioso, pero de las peores películas de los Oscar hasta el momento, tres de ellas son musicales. Y es triste, porque es uno de los géneros que más me gusta. Mucha gente piensa lo contrario, que es inverosímil que la gente vaya hablando por la calle y luego se ponga a cantar (igual de inverosímil es que una casa vuele atándole unos globos, pero eso no lo dice nadie). El problema no es ese, sino lo bien o lo mal que esté hecha la película. Hay musicales que están rodados con elegancia y fuerza, como "West Side Story" u "Oliver", pero hay otros que están hechos simplemente para el lucimiento de tal o cual actor. Este es el caso de "Un americano en París", filme hecho para divertimento de Gene Kelly, grandísimo artista y portentoso bailarín, pero que no es otra cosa que la peor patochada que ha sido premiada en los Oscar.

En primer lugar, quiero romper una lanza a favor de Gene Kelly. Es uno de los mayores y más famosos actores de la historia del cine y no se le puede negar que verle bailar es una delicia. Puede que sean bailes chorras o lo que digáis, pero yo, personalmente, soy incapaz de hacer sus mismos pasos de baile. ¿Vosotros podéis a caso? Definitivamente, lo único salvable de esta demencial película.

Y es que el problema de "Un americano en París" es el tono pseudocómico que se le ha querido dar. Se podría decir que es justificado, porque es una comedia, pero no. Comedias son "Con faldas y a lo loco" o "Los caballeros de la mesa cuadrada", basadas en situaciones disparatadas pero con buen gusto, elegancia e inteligencia. La película de Minelli no es una comedia, sino una serie de situaciones absurdas protagonizadas por tres actores haciendo patochadas. Por eso, mientras que en ciertos musicales los números tienen una cierta elegancia, aquí da pena verlos. Al menos hay alguno simpático, como el de "I got rythm" que tenéis arriba o el número musical de Henry, que recuerda vagamente a aquel famoso número de "El gran Ziegfeld". Pero hay otros números que, si no dan vergüenza, dan sueño, como la secuencia de Adam tocando el piano en una orquesta o el número musical de 18 minutos ininterrumpidos al final de la película. Sí, 18 minutos de Gene Kelli bailando. Os recomiendo en este punto que le deis a rewind, porque son minutos difícilmente soportables y uno ya sabe cómo va a acabar la película, así que no se pierde nada. Al final, la duración de la película sería de una escasa hora y media, afortunadamente.

Una película, en definitiva, bastante vergonzosa. Quizá si os pilla un buen día os guste, sobre todo si os van este tipo de musicales, estilo "Cantando bajo la lluvia", mucho mejor que esta. No sé si "Un americano en París" será la peor película de los Oscar, pero sí la más injusta ganadora, pues ¿cómo se explican sus seis estatuillas estando nominada "Un tranvía llamado deseo"? Algo debieron fumar los de la Academia, pues incluso la película "La reina de África", que supuso el único y merecido Oscar de Humphrey Bogart en toda su carrera, no estuvo nominada a mejor film. Sinceramente, hay cosas que nunca entenderé.

jueves, 19 de noviembre de 2009

1944: Al mal tiempo buena cara

SIGUIENDO MI CAMINO

Títilo original: Going mi way
Año: 1944
País: EE.UU.
Duración: 120 min.
Director: Leo McCarey
Guión: Leo McCarey, Frank Butler y Franc Cavett
Montaje: Leory Stone
Fotografía: Lionel Lindon
Productor/es: Leo McCarey
Compañía. Paramount Pictures
Intérpretes: Bing Crosby, Barry Fitzgerald, Rise Stevens, Gene Lockhart, Frank McHugh, Jean Heather, Stanley Clements et al.

Gandora de 7 Oscar: película, director, guión adaptado, actor, actor secundario, argumento original, canción

El padre Fitzgibbon es el anciano párroco de una antigua iglesia de Nueva York. Su avanzada edad y sus ideas un tanto obsoletas para la época obligan al obispo a enviar un coadjutor más joven y preparado que pueda, con el tiempo, llegar a sustituir al anciano cura. El elegido es el padre O'Malley, un joven apuesto, alegre y entusiasta, que está dispuesto a sacar adelante la parroquia con su energía. Pero pronto se verá que ambos sacerdotes no se llevan demasiado bien, pues sus ideas y su mentalidad están a kilómetros de distancia entre sí.


1944 fue un año crucial para la humanidad, pues suponía la entrada de EE.UU. en la 2ª Guerra Mundial y con ello el principio del fin del conflicto. Ese mismo año se estrenó una película sencilla, sin mucho que destacar, protagonizada por uno de los mejores cantantes del Siglo XX, y fue todo un éxito. El público había hablado. Estaba harto de tanto drama y tanta tragedia. Quería sonreír, cantar y oír historias bonitas. Y la Academia les hizo caso. Después de dramas tan profundos como "Lo que el viento se llevó", "Rebeca", "Qué verde era mi valle", "La señora Miniver" o "Casablanca", era conveniente llenar de premios a una película de carácter optimista y el público la había elegido: "Siguiendo mi camino", posiblemente, una de las peores películas de toda la historia de los Oscar.

Esto no es nuevo. Sucesos como este han ocurrido a lo largo de sus más de 80 años de historia. Y no hay que remontarse tan lejos, tan solo unos años, cuando el 11-S hizo que el mundo se llenase de pánico y un musical muy divertido le arrebató el Oscar a películas como "El pianista". Aunque, ahora que lo pienso, esto también me recuerda mucho a cierta película de unos niños indios... en fin, así es Hollywood.

Las dos películas que comenté antes, tanto "Chicago" como "Slumdog Millionaire" (sí, era esa, habéis acertado), tenían por lo menos algo interesante que sacarles o unos rivales que puede que no fueran demasiado fuertes. Cada uno pensará lo que quiera de "El curioso caso de Benjamin Button" o quizá "El pianista" se parezca demasiado a "La lista de Schindler" y de ahí que no la premiasen. Pero el caso de "Siguiendo mi camino" es demencial pues, a ver si podéis decirme, qué tiene esta película para que gane 7 Oscar y la descomunal (eso es decir poco) "Perdición", de Billy Wilder, no ganase ni uno solo. Intentaré sacarle cosas, pero os digo que me costará.

Para empezar, y curiosamente, el argumento principal no está nada mal. Es original y podría salir una gran historia de ahí. Pero es que todo el filme es una obra para lucimiento de Bing Crosby. Eso sí, menos mal que es él y no Pepito Pérez. Por lo menos podemos disfrutar de una de las más hermosas voces que ha conocido el mundo civilizado. Y hay que reconocer que el tío, a parte de cantar bien, era un figura. Lucía espectacularmente y era muy carismático, así que, al menos, la película se sustenta en una figura entrañable. Pero claro, si al menos actuase sería curioso, pero no, sólo canta y es él mismo. El que sí que actúa es Barry Fotgerald, interpretando al entrañable padre Fitzgibbon, el personaje más carismático y adorable de toda la película. Si no fuese por él, esta película no merecería la pena. No es una interpretación antológica, pero sí tiene una ternura a la que no podemos resistirnos.

El otro aspecto que destaca en "Siguiendo mi camino" (y no hablo de montaje, fotografía y demás parafernalias porque no las hay) es la música. Siempre es agradable escuchar al señor Crosby cantar y sobre todo si las canciones son bonitas, como la que tenéis ahí arriba, una de las mejores de toda la película y otra de las cosas por las que merece la pena verla. Aunque, en este caso, tenemos a San Youtube para que nos libre de dos horas de inutilidad máxima. Pero la mejor de todas las canciones es la que da título a la película, "Going my way", realmente hermosa.

Y poco más que comentar. La película es simpática, eso no se puede negar. Tiene canciones muy bonitas muy bien cantadas y Bing Crosby le da un glamour especial. Todo esto, junto con el edulcorado final, hecho única y exclusivamente para que los vendedores de pañuelos de papel se forren, hacen que esta película, a diferencia de cierto filme de 1929 de cuyo nombre no quiero acordarme, al menos te haga sentir algo mucho más que mero aburrimiento. Entretenida, entrañable, pero no tanto como para conseguir el Oscar y menos enfrentándose a Billy Wilder. Afortunadamente, los académicos de Hollywood también saben de deudas y se acordaron de Wilder al año siguiente con una de las películas más desgarradoras y abominables que jamás he visto. Pero tiempo al tiempo, amigüitos. Hasta mañana, que hay que madrugar.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

1936: El Florentino de Broadway

EL GRAN ZIEGFELD

Título original: The great Ziegfeld
Año: 1936
País: EE.UU.
Duración: 170 min.
Director: Ronald Z. Leonard
Guión: William Anthony MacGuire
Montaje: William S. Gray
Fotografía: Oliver T. Marsh, Ray June, Merritt B. Gerstad, Karl Freund y George J. Folsey
Productor/es: Hunt Stromberg
Compañía: MGM
Intérpretes: William Powell, Myrna Loy, Luise Rainer, Frank Morgan, Ray Bolger, Fanni Brice, Virginia Bruce, Reginal Owen et al.

Ganadora de 3 Oscar: película, actriz, coreografía

La película narra la vida de Florentz Ziegfeld Jr., mujeriego y seductor, que pasó de trabajar en ferias ambulantes, a convertirse en el más afamado y prestigioso productor teatral de Broadway.

Si hay un género que resulta bastante atractivo para la Academia de Hollywodd y que últimamente logra conseguir una nominación ese es el género biográfico. Y a ese género pertenece "El gran Ziegfeld". Sí, porque, a pesar de lo que muchos digan, no puede considerarse un musical propiamente dicho. Es cierto que hay números musicales, y que estos son bastante suntuosos, pero estas no son más que meras imágenes sobre el fruto que daban las inversiones de Ziegfeld. No son más que una parte necesaria de la película. Es decir, que no vemos a unas personas cantando y bailando sin ton ni son, ni siquiera vemos al protagonista hacerlo, sino que, a la hora de hablar de la vida y otra de un productor de musicales, tienes que mostrar, al menos, algunas de sus creaciones.

Y lo bueno de la película es que, en esas recreaciones, no han reparado en gastos. En todos los números musicales, e incluso en toda la película, hay un halo de grandeza y espectacularidad, que representa muy acertadamente todo el universo elitista en el que rondaba Ziegfeld. La mayor apoteosis de ese elitismo se encuentra en el número musical "A pretty girl is like a melody", cuyo vídeo podéis ver arriba: una secuencia de ocho minutos de un número musical fastuoso que supuso, para la película, un Oscar a la mejor coreografía. De hecho, los derechos de la película costaron 200 mil dólares, pero rodar esta escena costó 300 mil.

Pero la película no vive sólo de la ambientación, sino que tiene otras virtudes, como las interpretaciones, bastante destacables. William Powell está muy acertado en su papel del galán y carismático Ziegfeld. Su representación de un hombre que puede persuadir, con sus gestos, palabras y atractivo, a todo el que (y, sobretodo, la que) se cruce por delante, es muy creíble. En este aspecto destaca la secuencia del sastre, el cual se niega a darle los trajes para el último número de su gran obra hasta que no le pague. Ziegfeld, con sus artimañas, sin despreciar a nadie y con toda la educación del mundo, logra que este le ceda los trajes sin tener que pagarle, en un gran ejemplo de persuasión. Su compañera de reparto, Louise Rainer, también está formidable, logrando una interpretación merecedora del Oscar a la mejor actriz. Premio que repetiría al año siguiente, siendo una de las pocas actrices, si es que no es la única, en ganar este premio dos años consecutivos.

Uno de los aspectos que me echaron para atrás al ver "El gran Ziegfeld" es que dura casi tres horas, con su obertura y su entreacto, típico de las películas clásicas de larga duración. Pero lo curioso es que no se hace lenta ni aburrida en ningún momento. Quizá sea por la fluida narración del director, la impresionante vida de Ziegfeld, que está continuamente cambiando y no da pie al aburrimiento, o quizá por la abrumadora personalidad del mismo. La cuestión es que la película no aburre en absoluto y sus casi tres horas pasan volando.

Para resumir, "El gran Ziegfeld" es una película que, quizá al ser un musical de 3 horas de duración no llame la atención al espectador, pero que una vez que este la visiona, se encuentra con una película grandilocuente, un producto made in Hollywood, en la que se cuenta la vida de un ser extraordinario y con la que no se aburrirá en ningún momento. Una gran e intensa película.

jueves, 15 de octubre de 2009

1928/1929: Show must go on!

LA MELODÍA DE BROADWAY

Título original: The Broadway melody
Año: 1929
País: EE.UU.
Duración: 96 min.
Director: Harry Beaumont
Guión: Edmund Goulding, Norman Houston y James Gleason
Música: Nacio Herb Brown
Montaje:Sam Zimbalist y William LeVanway
Fotografía: Jon Arnold
Productor/es: Harry Rapf, Irving Thalberg y Laurence Weingarten
Compañía: MGM
Intérpretes: Charles King, Anita Page, Bessie Love, Jed Prouty, Kenneth Thomson, Edward Dillon, Mary Doran, Eddie Kane, J. Emmett Beck, Marshall Ruth et al.

Ganadora de 1 Oscar: mejor película

Hank y Queenei Mahoney son dos hermanas artistas, que después de recorrer un gran número de pequeñas ciudades de la costa oeste de EE.UU., deciden dar el gran salto viajando a Nueva York para triunfar en Broadway. Las dos hermanas llegan ilusionadas con un mundo que les parece de color de rosa, pero con el tiempo sufrirán engaños y tretas y descubrirán el verdadero mundo del espectáculo, un descubrimiento que puede hacer que las dos hermanas, al principio eternamente juntas, comiencen a distanciarse.



Cuando a uno le cuentan que tal o cual película ganó el Oscar a mejor filme en tal año, siempre intenta buscar, al verla, qué es lo que pudo hacer que dicha cinta fuera la elegida. Puede que tenga un gran reparto, que sea una superproducción apabullante o que realmente sea una gran película. Lo extraño es que, con La melodía de Broadway, no encuentro ninguna razón, pues no tiene nada de lo anterior.

Quizá todo venga ya de la ceremonia, una edición un tanto sosa en la que sólo hubo siete candidaturas (la edición con menos candidaturas de la historia) y con sólo siete películas galardonadas, cada una con una estatuilla, claro está. Así que más soso imposible. Y mirad que parece raro siendo en esta ocasión un musical, que se supone debe tener ritmo, fuerza o canciones pegadizas. Pues ni eso. Salvando la primera canción que da título a la película y que podéis escuchar arriba, el resto de canciones no tiene absolutamente nada de atractivo. Ni siquiera la historia tiene interés, ni los actores llaman la atención, ni es un prodigio de la técnica, ni hay impresionantes coreografías... leo por ahí que tuvo un enorme éxito de taquilla. Hombre, estrenándose en el 29, en plena Gran Depresión y con el crack de la bolsa, supongo que algo de alegría y música era bien recibido por el público, que durante hora y media podía soñar con el lujo de Broadway. Pero creedme, esta película no tiene nada. Es infumable. Ni siquiera el pegadizo tema principal y la belleza de Anita Page pueden salvarla.

Sin embargo, la película no es aburrida. Principalmente porque no da tiempo a aburrirse de lo corta que es. Y a pesar de todo, uno puede entretenerse con la puesta en escena de los años 20. Mientras la veía y contemplaba los movimientos de los actores, de los bailes, de los movimientos de las manos de las bailarinas, no podía parar de pensar en las parodias que se hacen del cine de los años 30 y de los musicales clásicos. Así, toda la película la vi como una comedia, una parodia que no era tal, un film que en aquellos años sería el furor, pero que 80 años después (se dice pronto) puede parecer lo más irrisorio del mundo.

Se puede intuir que esta película no me entusiasmó mucho. La verdad, no encontré por donde cogerla. Ha sido mi primera decepción y me temo que no será la última. Afrotunadamente, y ya os adelanto acontecimientos cual Marty Macflay viajando al futuro en su Delorian, toda la calidad que le falta a esta película la sobra a la del año siguiente, una de las mejores y más impresionantes películas que han ganado este insigne galardón. ¿Que cuál es? Mmmm... me da a mí que váis a tener que esperar.

jueves, 13 de noviembre de 2008

UNO DE LOS NUESTROS

OLIVER!

Título original: Oliver!
Año: 1968
País: Gran Bretaña
Duración: 150 min.
Fecha de estreno en España: 24 de octubre de 1977
Director: Carol Reed
Guión: Vernon Harris, según la obra de Lionel Bart y la novela "Oliver Twist", de Charles Dickens
Música: Lionel Bart
Reparto: Ron Moody, Shani Wallis, Oliver Reed, Harry Secombe, Mark Lester, Jack Wild et al.
Compañía: Romulis Films/Warwick Films

A la gente no suelen gustarle los musicales. Los encuentran estúpidos y fantasiosos. No comprenden que una persona vaya por la calle y se ponga a cantar porque sí y toda la ciudad baile al compás. Con todos mis respetos, los que piensan eso no saben apreciar el arte. Al igual que el huevo y la patata, por si solas, son un manjar digno de cualquier dios del Olimpo, el cine y la música son las dos artes más populares. Y al igual que ambos alimentos se unen en ese delicioso y genuino manjar patrio llamado tortilla de patatas, tanto el cine como la música se unen para crear lo que es la quintaesencia del cine: el espectáculo. Y es por eso por lo que los musicales me gustan tanto porque, al igual que la tortilla de patatas, hace que tus sentidos sentidos gocen sumamente con su degustación. Los musicales serán estúpidos y no tendrán sentido, pero escuchar grandes canciones y disfrutar de espectaculares coreografías no se puede hacer con cualquier otro tipo de cine.

Y uno de los mayores representantes de este género es una película que el gran Carol Reed dirigió en 1968: "Oliver!", la que es, por el momento, la mejor adaptación de la famosa novela de Dickens. Adaptada a su vez de un musical del propio Lionel Bart, compositor de la banda sonora, "Oliver!" narra la vida de Oliver Twist, un niño huérfano que sale del orfanato para vivir con distintas familias de distintas clases sociales. Ninguna le acoge muy bien, con lo que Oliver huye y acaba yendo a vivir con Fagin, un ladrón callejero que utiliza a los niños para sus robos. Curiosamente, encontrará en ese grupo de rateros el amor y el cariño que ninguna otra familia con las que estuvo supo darle.

Ganadora de 5 Oscars (película, director, dirección artística, música y sonido) y nominada a otros 6 (guión adaptado, fotografía, montaje, actor principal, actor secundario y diseño de vestuario), la película ofrece un espectáculo grandioso y aunque peca de infantilismo en su puesta en escena, la ambientación es genial y la fotografía, a parte del montaje, música y demás aspectos técnicos, hacen de "Oliver!" un gusto para los sentidos, que es lo que debe ser todo musical que se precie. Como ejemplo de esto (sabéis ya mi gusto por poner escenas de las películas que comento) tenéis este vídeo de la mejor canción de toda la película. La fotografía es perfecta y la dirección artística pone los pelos de punta. Fijaros cómo al final toda una calle de Londres, abarrotada de gente, baila al unísono. La multitud se pierde en el abismo, pero siguen bailando igualmente. Espectacular.

Así que recomendaría a mucha gente que se libre de perjuicios y se aventure a visionar esta película, aprovechando además que acaba de salir una última versión en DVD, y disfrutad del espectáculo que ofrece el musical, espectáculo que no ofrece ningún otro tipo de arte.

sábado, 27 de septiembre de 2008

El amor (por Nicole) mueve montañas

MOULIN ROUGE

Título original: Moulin Rouge
Año: 2001
País: Australia
Fecha de estreno en España: 11 de octubre de 2001
Duración: 122 min.
Director: Baz Luhrmann
Guión: Baz Luhrmann y Graig Pearce
Música: Craig Armstrong
Reparto: Ewan McGregor, Nicole Kidman, John Leguizamo, Jim Broadbent, Richard Roxburgh, Jacek Koman, Kylie Minogue, David Wenham, et al.
Productora: 20th Century Fox

Christian es un joven escritor inglés que viaja a París para impregnarse del ambiente bohemio de finales del siglo XIX. Allí conocerá a Toulouse Lautrec y su grupo de amigos que ensayan una obra de teatro, los cuales encontrarán en Christian el genial escritor que siempre habían deseado. Christian se une a ellos para escribir el libreto de su nueva obra y todo va viento en popa... pero necesitan financiación y una gran estrella, con lo que deciden visitar el Moulin Rouge, el más famoso burdel de París, y que Christian recite los versos de la obra a Satine, la más hermosa de todas las mujeres que allí trabajan. Pero esa noche Satine esperaba a otro hombre, El Duque, un mecenas que la haría cumplir su sueño de sacarla de aquel antro y convertirla en una gran actriz. Así, el regente del burdel prepara un encuentro privado entre Satine y El Duque, pero una serie de malentendidos hacen que la chica confunda a Christian con su adinerado pretendiente. Mientras que Satine intenta seducir al supuesto duque, Christian recita algunos versos para mostrarle su obra. Es tal la belleza de estos que la chica queda prendidamente enamorado del joven escritor y surge entre ellos un profundo amor. Sin embargo, El Duque, al no ver cumplido su deseo de estar a solas con la chica, quiere a Satine sólo para él, con lo que hará todo lo posible para lograr que la bella mujer esté para siempre a su lado.

A mí nunca me han gustado mucho las películas de amor. Principalmente porque la chica logra enamorar al chico, pero no al espectador, con lo que uno se encuentra con una historia ya muy vista y con poco interés. Pero con Moulin Rouge no ha pasado, con Moulin Rouge me he enamorado y esa es la gran virtud de esta grandísima película la cual, si no fuera por el mal trabajo de su director, sería una auténtica obra maestra.

En un principio, lo que uno se encuentra con Moulin Rouge es un espectáculo esperpéntico de luz y color. Un conjunto de escenas sin ton ni son, en algunas ocasiones totalmente prescindibles, con un ritmo videoclipero y con unos efectos de sonido dignos de los Looney Toones. Si a eso le sumamos los coloridos vestuarios y unas canciones típicas de finales del Siglo XX y con estúpidas coreografías tenemos un filme mediocre, que insulta al espectador con cada escena y que a más de uno (a mí me ocurrió) le harán quitar la película desesperado por la idea de que el resto de las dos horas todo será igual. Como ejemplo os pongo la escena en la que Christian le canta su canción a Satine, en la que podemos ver cómo la luna (sí, la luna) canta ópera. Para arrancarse los ojos. Pero la historia y el suculento comienzo del filme, donde se nos desvela el desenlace, nos hace interesarnos por la historia, con lo que nos armamos de valor y seguimos viendo la película.

Es en este momento en el que descubrimos que, salvo en alguna que otra escena, el director ha apartado esa forma indescriptible y absurda de dirigir y todo toma un tono más serio (dentro de la comedia, claro) y nos relata una historia de amor ya vista, del típico chico que se enamora de la chica, la chica al principio no lo reconoce pero sigue enamorada y el malo malísimo que intenta romper la relación. Además, algunas canciones son absurdas (demencial la escena en la que cantan "Like a virgin" de Madonna). Entonces, ¿dónde está la gracia de este musical? En el cuerpo de Nicole Kidman, la única mujer capaz de convertir en el más macho al homosexual más afeminado de todos. Tal es su magnetismo que enamora incluso al propio espectador, de tal forma que la historia de amor no sólo es cosa de Satin y Christian, sino tuya también. Y es en ese punto en el que la historia te atrapa por completo y más cuando conoces lo que ocurrirá al final. Kidman hace que, una historia a priori insulsa y ya manida, se convierta en una experiencia nueva para el espectador, pues nos enamoramos de ella y queremos saber que ocurre con los amantes. Esto, junto con algunas canciones realmente bellas (atentos a "Your song", una de las más bellas canciones que he escuchado en un musical) hace que Moulin Rouge se convierta en una película profundamente emotiva, un filme que te llegará al corazón y que te hará soltar más de una lágrima (a mí me ocurrió).

En definitiva, Moulin Rouge es una película con una buena narración, una ambientación, dirección artística y vestuario dignos de los musicales de antaño, unas canciones hermosísimas y, sobretodo, una actriz como Nicole Kidman, que eleva todo esto a cotas altísimas de calidad y hace que la película merezca realmente la pena. Sin embargo, el malísimo montaje y la pésima dirección de Baz Luhrmann, con escenas absurdas, planos que duran un microsegundo, supermegazooms de la ciudad que no vienen a cuento y demás patochadas, evitan que este filme sea una obra maestra. Además, Ewan McGregor grita. Pero todo da igual mientras esté Nicole...

PD: Os dejo un vídeo de Youtube con una de las canciones, para que veáis cómo versionan temas clásicos de la música popular y lo bien que queda en esta ocasión.